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Opiniones de hoy

Horizonte desdibujado

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Estoy cansado. Toda mi vida he sido torturado, cercenaron cada parte de mí, desde mis testículos hasta los anhelos de libertad. Ya no me queda más que intentar apaciguar el dolor en mi serenidad. Yo no entiendo, es que jamás les haría algo así. A nosotros, en cambio, siendo aún muy jóvenes nos separan de nuestras madres. Pasaron muchos años antes de que lograra conciliar el sueño sin escuchar los largos alaridos de la mía. Me han marcado a fuego vivo. No sé de sabores, como por comer, casi obligado. Me siento mareado, amanezco con náuseas; solo existo por el odio que me tienen, odio que los hace sacarme provecho. Me han amputado de todas las formas posibles. Me quitaron la posibilidad de explorar cualquier placer. En esta tarde, digamos, en otra vida, podría recorrer los campos y atravesar montañas hasta llegar a las aguas y descansar, sentir cómo las pequeñas criaturas posan tranquilamente en mi lomo. Esas que vuelan se quedarían un ratito sobre mis cuernos, y luego las vería despegar de mí. No sé nada de nada. Solo sé que me llenan de mil mierdas y me pierdo en un estado intermedio entre la inconsciencia y la furia. A veces sangro porque a mí también me desgarran. Me quitaron todo, no conozco más que miseria, humillación y sufrimiento. ¿Cómo termino esto? Lo bueno del presente doloroso es que me despega de los recuerdos. Simplemente todo sería demasiado; apenas puedo cargar con el martirio de esta vida. 

Estoy cansado. El cansancio me pesa tanto, que en vez de rendirme ante él, este me produce sobresaltos. Sé que hoy es el último día, únicamente suspiro un pujido y siento la sangre gorgotear por todo mi cuerpo. Cuánto hubiera anhelado tener esta sensación, pero con los grillos, las mariposas y las tortolitas del bosque. Empiezo a ver mi sangre en el piso de cemento, huelo mi muerte y no la esquivo, ha sido demasiado; yo no tengo una vida que pueda defender. Mientras me desvanecía pude, por fin, sonreír un poco. ¿Será esto el alivio? Busco envolverme y siento que me abrazo. Ya no siento roto acá, ya no está el dolor que me comprimía el pecho. En los últimos atisbos de la luz que se cuela por la lámina picada, en los últimos atisbos de mi vaga visión, veo lo que queda del mundo para mí y me sigue pareciendo ajeno, extraño, pero ahora ya no estoy a merced de la malicia humana. 

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