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Cédula de Vecindad

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Cédula de Vecindad

Conservo como recuerdo familiar e histórico la Cédula de Vecindad de mi padre. Es una Cédula antigua, de las primeras que fueron entregadas en Guatemala, más grande que las últimas que circularon, del tamaño de una libreta de apuntes, como las que usábamos antes en el colegio para anotar las tareas, con hojas amarillentas escritas en letra cursiva y educada de plumilla fina, y con la foto pequeñita de mi padre en la que aparece perfectamente trajeado con corbata, sin lentes, orejón y con una incipiente calvicie.

La guardo desde aquel día de sabor funesto y gris en que la usamos por última vez para cumplir con los requisitos de su defunción.

Nos costó encontrarla entre nuestro maremágnum de carreras y sentimientos. La buscamos y rebuscamos en las gavetas de su escritorio, dentro del cajón con llave de su librera en donde usualmente guardaba lo que él consideraba importante, dentro del archivo de metal, y nada. Hasta que volvimos al dormitorio, al punto de cero de la casa, a la gaveta horizontal de su armario, en donde guardaba sus pocas pertenencias personales.

Y allí estaba, como esperándonos, envueltita en papel bond blanco, con un “muy importante” con letra cursiva de tinta roja estampado en el empaque, junto al reloj que había sido de su padre, la caja de cartón colorada con las llaves que abrían todas las puertas de la casa, el botecito de vidrio grueso con tapa de plata con sus mancuernillas y un manojito de cartas en sobres aéreos de sus parientes inglesas que guardaba en orden con un hule, sin abrirlas.

Un olor a llave oxidada y loción Aqua Velva salió de la gaveta, la que nosotras raramente abríamos. Un silencio demasiado sensible y unos minutos para contemplar la foto de la cédula, la de nuestro padre de rasgos juveniles y mirada serena, irreconocible para mí, que le fue entregada justo antes de asumir un cargo público en el nuevo gobierno de Jorge Ubico.

La Cédula de mi padre está fechada el día 31 de diciembre de 1931, precisamente un día antes de que cobrara vigencia el decreto que obligaba a todos los ciudadanos guatemaltecos a tenerla como documento de identificación personal, el primero en la historia del país.

Mi padre entonces tenía treinta y cuatro años y muchas veces nos contó la historia de su Cédula con serie A1-0007, la cual le entregó Ubico personalmente en su despacho.

El presidente Ubico había asumido la presidencia el 14 de febrero de 1931, y el último día del año mandó a llamar a sus Ministros de Estado para hacerles entrega de su Cédula de Vecindad, mi padre fue Ministro de Educación Pública. Aquel último día del año, el general Ubico se adjudicó la Cédula A1-0001 para su persona y entregó las restantes a sus ministros; a mi padre le correspondió la A1-0007, según consta en el documento impreso.

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