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Opiniones de hoy

Consideraciones postbicentenario

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La independencia del primero de julio fue digna.

Los comerciantes y políticos fueron los artífices de la independencia. No querían seguir pagando tributos excesivos a la Corona. Además deseaban poder comerciar libremente. Los indios y negros no solo no participaron en la gesta independentista, sino que siguieron siendo esclavos, perseguidos e instrumentalizados, sin recibir ningún beneficio inmediato y tangible por la declaración de independencia. Tampoco estuvieron presentes las mujeres, porque las féminas estaban en sus casas, ya que sus maridos eran los que en exclusiva se ocupaban de la política. En esa época no cabían los conceptos feministas que manejamos en el siglo XXI. En las pinturas de la época, al ver los rostros de los que proclamaron la independencia solo observo monocromía biológica. Rostros aburridamente uniformados de blanco.

 Aclaro que no estoy hablando de la independencia centroamericana sino de la de los Estados Unidos. ¿Quién de aquellos blancos, anglosajones, protestantes y/o masones y/o deístas (para los deístas su Dios era la naturaleza y el orden del cosmos) se preocupaba mayor cosa de los indios y los negros? A ninguno de ellos les importaba nada. Aunque en su declaración de independencia dijeran que todos los hombres habían sido creados iguales, la igualdad la entendían y aplicaban exclusivamente a los blancos. Y aún así la interpretan hoy los supremacistas blancos.

 Con el paso del tiempo, el país que empezó siendo patrimonio exclusivo de los blancos está en ruta para llegar a ser un país inclusivo, en el que quepan todos. Casi cien años después de la independencia, una guerra dio por finalizada la esclavitud. Casi dos siglos después de esa independencia, los afroamericanos pudieron entrar libremente a las universidades sureñas y dejar de padecer segregación en buses, iglesias cristianas, restaurantes y baños, hechos que, quienes tenemos mayor edad, pudimos observar a través de los medios de comunicación social. Es una lucha de siglos que aún hoy sigue viva, porque los negros aún llevan la peor parte en educación y oportunidades de trabajo y de triunfo y hasta de trato de parte de la policía.

 ¿Por qué allá nadie critica jamás esa independencia racista, aduciendo que fue obra de criollos (los criollos de allá)? ¿Por qué nadie nunca se ensaña contra un hecho histórico en el que no participaron mujeres, indios o negros, que siguieron estos últimos dos grupos brutalmente maltratados por los blancos? Los negros, esclavos; los indios, en reservaciones; y las mujeres, en sus casas.

 No obstante, históricamente indígenas y afroamericanos siempre han celebrado todos por igual el Independence Day. Ha sido también su fiesta. Fiesta de todos. Lo fue aun en épocas de grosera segregación racial. La Patria de ellos evoluciona ahora para llegar a ser de todos y no solo de los blancos, como lo fue al inicio tras la independencia. Es un proceso aún en marcha, todavía no concluido. 

  En La patria del criollo, Severo Martínez Peláez propone para Guatemala que la Patria que empezó siendo de unos pocos se transforme en la Patria de todos. Por ello, yo digo que no sigamos autoflagelándonos porque un hecho histórico no estuvo conforme a la mentalidad de hoy. Es mejor que procuremos seguir rompiendo cadenas como ocurre en Estados Unidos en donde, en pocas décadas, vemos cómo se extingue el espíritu del Ku Klux Klan y las precarias ideas de supremacismo blanco, no obstante la regresión que tuvo lugar con el presidente Trump.

 Como no hay independencia perfecta, mi propuesta es la de luchar hoy para hacer del nuestro un país democrático, solidario, con principios y valores, inclusivo y sustentable. Estados Unidos lucha por ello. México, igual. Muchos países centroamericanos hacen otro tanto. En cierto sentido, la independencia de los países del continente americano no es un hecho histórico completo y cerrado, sino que es un camino de mejora y superación. Y, en esa misma medida, de celebración. La andadura que empezó hace más de 200 años (iniciada con las primeras conspiraciones) sigue hoy presente, aunque enfrente tengamos una subida empinada.

 José Cecilio del Valle dijo: “Si queremos que Centroamérica, nuestra digna Patria, sea una nación independiente, libre y feliz, es necesario que hagamos todos los sacrificios que exige la independencia”. Sacrificios que en la vida republicana no los hicieron los dictadores, los gobiernos militares, los mandatarios miopes, los ladrones encumbrados a la presidencia. Nacimos a la vida como nación junto con los otros países centroamericanos que tienen otras narrativas republicanas. La de Costa Rica es envidiable. La culpa no fue de la partida de nacimiento sino de cómo nos manejamos como país. Los ticos lo hicieron mejor que nosotros. Si no nos proponemos luchar por erradicar la desnutrición y pobreza para construir un país en donde quepamos todos, dentro de cien años, para el Tricentenario, seguiremos descargando nuestras responsabilidades no asumidas en Gabino Gaínza y los próceres, como lo hacemos ahora. Siempre es fácil culpar de todo a los demás. 

 Con motivo del Bicentenario, con acierto, Luis von Ahn tuiteó: “Es agridulce que Guatemala se haya independizado de España hace 200 años hoy. Qué bueno que no somos colonia, pero qué vergüenza que sigamos siendo una nación fallida”.

 La independencia no es una fecha sino un proceso (1811-1823) en el que hubo tertulias patrióticas, conspiraciones, encarcelamiento y torturas de próceres. La independencia absoluta del primero de julio de 1823 fue una fecha digna de elogio y encomio. Rompió cadenas y paradigmas coloniales. Dio libertades. ¡Qué pena que la fiesta de independencia no la celebremos el primero de julio, en vez del 15 de septiembre! Pero, para no enredarnos en el asunto, con sentido pragmático podríamos siempre celebrar las dos.

 En sentido amplio, el proceso de independencia es uno que hoy abarca de 1811 (fecha de las primeras conspiraciones) a 2021. Es un proceso abierto hasta que aseguremos un país solidario, que nos acoja a todos por igual, hasta que construyamos una verdadera Patria. ¿Quiénes y cuántos asumen hoy el reto?

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