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Opiniones de hoy

¿Podemos tener buenos diputados?

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En la noche del 6 de septiembre de 2021, Guatemala presenció uno de los circos más humillantes de su historia. El presidente del Congreso, Allan Rodríguez, se rehusó a finalizar el conteo de votos al ver que no tenía los suficientes para aprobar el Estado de Calamidad. Gracias a transmisiones en vivo, el ciudadano promedio tuvo acceso a la plenaria y observaron cómo Rodríguez hacía llamadas frente a nuestras narices. En efecto, algunas votaciones cambiaron en el transcurso de sus llamadas. Luego, iniciaron la votación más inverosímil que pudieron haberse inventado: votar para confirmar la improbación del Estado de Calamidad. Finalmente, la oposición consiguió los votos suficientes y terminó el bochorno nacional.

¿Cómo terminamos con un Congreso así?

La respuesta a esta pregunta apunta hacia uno de los problemas más urgentes que tenemos: el sistema electoral. El Artículo 157 de la Constitución Política de la República de Guatemala fija los distritos electorales a cada departamento, con la excepción de Guatemala que se divide en el Distrito Central (la ciudad capital) y el Distrito de Guatemala. Un distrito electoral es el espacio geográfico en el que cierto número de diputados son escogidos por sus habitantes. En nuestro caso, cada departamento tiene un número fijado de diputados proporcional a la cantidad de habitantes. Por ejemplo, un departamento como Retalhuleu vota por tres diputados, mientras que Quiché vota por 10. 

Imagínate tener que memorizar los nombres de 10 diputados. Ahora piensa en casos como el Distrito Central y el Distrito de Guatemala que cuentan con 11 y 19 diputados, respectivamente. Estoy seguro que desconoces los nombres de sus representantes distritales. ¡Y es de esperarse! Es demasiado desgastante andar detrás de tantos nombres. Nuestro sistema electoral es deficiente porque no permite que el ciudadano identifique quién es su representante.

Esto tiene la siguiente implicación: no importa si un diputado hace un buen o mal trabajo, sus votantes distritales no tienen idea de quién los representa. Por lo tanto, no podemos castigarlos o premiarlos a través del voto. Tenemos que reconocer que nunca tendremos un grupo de congresistas cien por ciento honestos. Lo ideal, entonces, es que tengan los incentivos para hacer un trabajo lo suficientemente decente como para ganar una reelección. Dichos incentivos no existen en nuestro sistema actual.

¿Qué podemos hacer al respecto? Las publicaciones en redes sociales y los ‘hashtags’ no son suficientes. Esto requiere de diálogos serios y aprender a escucharnos. Solo desde la ciudadanía surgirán las reformas que necesitamos. Para ello, es necesario apoyar y participar en organizaciones que faciliten estos espacios y formulen propuestas. De lo contrario, nos arriesgamos a perder nuestra frágil república.

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