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Opiniones de hoy

Los guerreros no tienen dónde sentarse

opinion

Me he topado con el problema varias veces y he hablado de ello aquí mismo hace años, pero todo sigue y seguirá igual por los siglos de los siglos: en Guatemala no hay bancos o bancas públicas dónde sentarse, solamente hay bancos o bancas para esquilmarte la plata so pretexto de que te la están cuidando. 

Resulta que ahora estoy entrando al club de los guerreros cansados que, después de andar ciertas distancias, sienten la necesidad de sentarse un rato para reposar los músculos y tomar aliento. Lo he experimentado en mi barrio, que es un barrio con agradables arboledas, pero al cabo de cierto tiempo uno quisiera detenerse a ver los pajaritos o platicar con alguien, pero lo único que hay son los bordes de las aceras, así que te aguantas, maldices y regresas a casa sin ánimos de salir de nuevo.

Multipliquemos esto por cientos de miles de personas “mayores” o “viejos” como se les llama, incluso decenas de miles de madres acarreando niños por las calles sin poder sentarse en ningún sitio, y entenderemos que hay aquí un problema de derechos humanos, ¿no les parece?, un “olvido” de parte de la municipalidad y de los responsables de la urbanización y ornato de los parques y lugares públicos, fenómeno que no he visto así de brutal en ningún otro país del mundo.

O sea, que ni parques, ni aceras anchas, ni bancas, ¡ni ná! Así está la cosa. Un adefesio de ciudad hecha para automóviles solamente. ¿Cuántos viejos y viejas ves tú paseando, conversando por las calles? ¿Cuántos viejos entrando a los cafés, a los pequeños restaurantes a gozar del poco tiempo que les queda de vida? ¡Los viejos no existen en Guatemala, a los viejos los tenemos encerrados en los patios de las casas!

Es decir, este es un país que no respeta la vejez. Bueno, tampoco se respeta a los niños (ese es tema de otro artículo), fuera de las declaraciones absurdas que hacen los políticos. A los viejos no se les reconoce su lugar y valor en la vida, y la mayoría vive con precariedades enormes. A los viejos prácticamente se les prohíbe salir de sus casas porque nuestro mundo allá afuera es inhóspito y peligroso. Y para colmo, tenemos “el tupé” de echar pestes contra los países del primer mundo diciendo que “allí no quieren a los ancianos”.  

Esta vaina es de locos. Se nos olvidó hacer parques y bancas para los mayores y los niños. Somos una sociedad de mierda –al menos en lo que concierne a lo que es la capital–, en la que perdemos por lo menos una quinta parte de nuestra existencia en transportes precarios para dejar la vida en trabajos sin sentido. Y cuando quieres detenerte a respirar, ¡carajo, no hay un puto lugar para sentarse!

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