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Opiniones de hoy

Estado atrofiado con poderes lacayos

opinion

Refundar un estado ético y funcional.

Las recientes resoluciones del Constitucional han dejado boquiabiertos a legos y expertos en Derecho Constitucional; la emisión de “doctos” y retorcidos dictámenes sobre el estado de calamidad, que solamente fueron aplaudidos por tinterillos dispuestos a dar forma legal a los caprichos de un presidente que opera sin más norte que su taciturna mirada. Hasta los más conspicuos abogados del conservadurismo pusieron el grito en el cielo: la prescripción es clara y los términos imperativos en cuanto a ratificación o no por el Congreso de la República. El Constitucional pretende reescribir la norma. Obviamente los de La Cañada y jerarquía eclesiástica guardaron silencio. Quizá porque no se trata de justicia ideologizada, como gustan decir. Fue simplemente una perversa güizachada, a la medida del inútil designio presidencial.

Tan mala fue la receta que los cómplices en el Legislativo hubieron de tragarse la payasada y sufrir la vergüenza del rechazo generalizado. Mutis incluido, con la colita entre las piernas, bufidos y alusiones fecales. La magistratura constitucional se retrató de cuerpo entero: infieles a la norma y la ética. Lo suponíamos. Quedó clara su capacidad de retorcer la “carta magna”. Son políticos de tercera línea disfrazados de jueces. En otra “resolución”, sin rubor ni sustento, niegan el derecho a Gloria Porras de ocupar la magistratura, y en cambio sí se lo permiten al suplente, electo en la misma forma y circunstancias que la primera. El principio de igualdad queda para otra ocasión. Maloliente catadura. Es decir, otro órgano obediente y no deliberante. Los contrapesos democráticos existen de fachada; operan en realidad sobre dictados y acuerdos originados en el Ejecutivo u otros factores de poder. Asistimos a la burda eliminación de la independencia de los poderes y la nefasta sumisión de los órganos de control. Contraloría de Cuentas incluida. Actúan dócilmente sometidos a la presidencia. Así que son estos desmanes, corrupción y pretendido cierre de espacios democráticos los que la población rechaza.

Es frente a esta calamidad de gobierno y administración de Estado que aplaudimos el rechazo congresal. No es que amemos a los diputados tránsfugas y similares. Conocemos sus colas. Fue un catalizador de cóleras populares. Un mentís a las cantinflescas ínfulas dictatoriales que hemos venido padeciendo de unos meses para acá. Un presidente atrabiliario que incluso sugirió amordazar la libertad de expresión. Quizá basado en el “éxito” de coartar la organización social vía reforma “ley de ONG”, obnubilado por apoyo sacerdotal y adláteres en Cedecon. El régimen no da más. Es la hora de los demócratas. 

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