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Opiniones de hoy

De Cleopatra a Giammattei

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Una historia exótica puesta en escena.

La escena es increíble. De las limusinas negras marca Chevrolet, los empleados bajan dos alfombras que colocan frente a la silla donde Alejando Giammattei está sentado. Cuando el anfitrión y los visitantes rusos están acomodados en la sala de estar de la casa del Presidente de la República en Vista Hermosa empieza la obra surrealista. De acuerdo a las instrucciones, con parsimonia los empleados quitan los listones rojos que amarran las alfombras y las empiezan a desenrollar una por una. Y vaya sorpresa. Empiezan a aparecer fajos de billetes. Entre los asistentes hay un momento de sorpresa y de emoción, por una escena que no se había visto desde que la Reina Cleopatra de Egipto se presentó envuelta en una alfombra ante el general romano Julio César, que ocupaba la tierra del Nilo.

La de esa noche en la Nueva Guatemala de la Asunción era una obra de teatro bien montada, propia de un lugar gobernado por un presidente que lo hace, no en forma contemporánea, sino al estilo de país bananero. Los empresarios rusos se sienten orgullosos. El negocio queda totalmente cerrado. Para que el cuadro fuera completo, solo faltaron unos eunucos de piel oscura refrescando con abanicos de pluma de avestruz al Presidente y sus invitados. Los meseros sirven licores y entremeses. La plática es de halagos y sonrisas. Se descorchan botellas de vino y se abren otras de exclusivo Vodka, de legítima fabricación rusa. 

Mi fantasía vuela. Creo que podría escribir una novela. Inspiración no me falta sino solo tiempo.

Halagado, pero con gesto displicente, el presidente Giammattei agradece el regalo a los empresarios rusos del níquel que, sin duda, piensan que les salió barato el negocio en Guatemala. La gira de los empresarios rusos incluyó ‘jets’, helicópteros, limusinas, hoteles cerrados sin más huéspedes que los rusos en La Antigua y Atitlán. Fiestas. Licores. Y ¡no podían faltar! las edecanes. Una ambulancia seguía siempre a la comitiva. Hubo un viaje al Parque Tikal, que ese día fue cerrado por seguridad. Días y noches de fantasía los que, con el dinero del pueblo de Guatemala, tuvieron aquí los empresarios del níquel, de nacionalidad rusa. Fueron días de vida sibarita.

En la casa del Presidente, la plática de esa noche discurre suave, ondulada como los cerros que circundan la capital, sin las sorpresas de volcanes haciendo erupción. Hay brindis, elogios por las bellezas naturales de Guatemala y muestras de interés por el níquel del país y una cómoda salida por el puerto de Santo Tomás de Castilla. El Presidente les asegura que el negocio es un hecho. 

Antes de entrar a narrarles los encantos con los que Cleopatra sedujo a Julio César, aclaro que la descripción anterior es una narración propia de cómo imagino que transcurrió el regalo de las dos alfombras con billetes que los empresarios rusos hicieron a Giammattei, un hecho incontrovertido, cuya investigación le costó la cabeza al fiscal de la FECI Juan Francisco  Sandoval, porque la fiscal general, Consuelo Porras, no podía permitir que le zafaran la alfombra a su jefe Giammattei.

Esta historia que, con pelos y señales (fotos y texto) publicó en primicia ‘elPeriódico’ le ha dado la vuelta al mundo. Ya es conocida en las esferas políticas de Washington y, sin duda, Joe Biden y Kamala Harris la leyeron en una versión resumida de ‘The New York Times’. No hay más tiempo, pasemos brevemente a Cleopatra.

En Alejandría, al general romano Julio César le llevan el obsequio de una gran alfombra. Cuando la desenrollan frente a él aparece acostada una mujer delgada, la imagino con vestido vaporoso, que se incorpora. Se sienta. Se para y se acerca a Julio César, quien quedó sorprendido y seducido. Cleopatra sabía cómo hechizar a un hombre. Esa noche empezó un gran romance de ribetes épicos. Cleopatra y su hermano menor eran corregentes, disputándose el trono de Egipto. Julio César zanjó la disputa a favor de Cleopatra.

Luego Cleopatra y Julio César se embarcaron de luna de miel en un viaje de placer, y de entretenimientos proporcionados por los esclavos, a lo largo del Río Nilo. De esa relación nació Cesarión. Luego Julio César se la llevó a Roma, lo que causó un gran escándalo. César fue asesinado en el edificio del Senado. Años después, en Egipto tuvo lugar otro largo y apasionante romance entre Cleopatra y el general Marco Antonio. Cuando las tropas romanas los asediaron, Marco Antonio se suicidó. Cleopatra quiso tener la muerte de una diosa. Introdujo su mano en una vasija en donde había un áspid, serpiente venenosa del lugar. Una suave mordida cerró la vida de una mujer de fuertes amores que puso de cabeza a Roma. Así empezó ella su viaje al más allá, dentro de la concepción del Egipto antiguo.

Nadie sabe cómo fue de verdad la Cleopatra de carne y hueso. Hay varias imágenes suyas que no concuerdan. Aunque no se haya parecido, hoy tendemos a imaginarla como Elizabeth Taylor, quien la interpretó en un famoso film, que ganó cuatro Oscares.

Desde Cleopatra no se había visto nada igual a lo de aquella noche en la casa del Presidente. Al desenrrollarse las alfombras en la casa de Giammattei apareció no una mujer, que hubiera encantado poco al Presidente, sino fajos de billetes. Eso sí le atraía.

Para toda esta narración de ensueño (y de afrenta al pueblo) no me falta imaginación ni palabras, sino solo espacio. Completa tú lo mucho que dejé en el tintero.

gasturiasm@gmail.com

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