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Opiniones de hoy

Hablar de política nos mantiene vigentes, pero hablar de otros temas nos mantiene con vida

opinion

Una vida que se va como un “jalón de puro”.

Hablar de política es apasionante, además de algo necesario en una nación democrática, pues invita al debate y al ejercicio de la ciudadanía. Pero la vida es mucho más que política. Me gusta mucho una frase que se menciona en la película ‘La sociedad de los poetas muertos’, donde John Keating dice: “La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería (y la política, agregaría yo), son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor, son cosas que nos mantienen vivos”. A esta lista final de cosas que según dice el señor Keating nos mantiene vivos, en lo personal agregaría la historia. 

En esta columna no hablaré de política. Ya tenemos suficientes “expertos” en redes sociales que les quitan espacio a personas que verdaderamente podrían guiar mejor la opinión pública. Ya escribí una cantidad considerable de columnas hablando sobre economía, sobre política, sobre la injusticia social, sobre el desastre que es nuestro gobierno, sobre la hecatombe de la pandemia y muchos temas más. Usted, estimado lector, si tengo el honor de que me lea será un día sábado. Seguramente tuvo una semana dura en el trabajo y estrés desmedido derivado de la pandemia. Así que no pienso saturarlo más con esos temas. 

Heredé el amor a la historia de mi padre, así como él lo heredó de su padre (mi abuelo), y a la vez mi abuelo, de su padre (mi bisabuelo). De mi madre heredé la bondad que me hizo convertirme profesor (al menos a eso le he dedicado buena parte de mi vida los últimos seis años). Mi camino ha sido confuso, lleno de incertidumbre, flaquezas, ansiedades y tropiezos. A veces el más asombrado de ver cómo llegué a impartir clases de historia soy yo mismo. Si algo tengo claro es que siempre en los peores momentos de mi vida adulta he contado con libros a mi lado: uno de los grandes placeres y fuentes de consuelo más fiables que he encontrado en esta efímera existencia.

El descubrir un buen libro de historia (y muchas otras disciplinas), leer acontecimientos que me ponen la piel de gallina, expandir mi conocimiento sobre diversos temas (y a la vez sobre mí mismo) me ha llevado por un camino de aceptación y resignación ante las realidades inmutables de la vida: una vida que se va como un “jalón de puro” (frase que solía decir mi abuelo en sus últimos años de vida) y la deuda que todos tenemos pendientes por pagar, es decir, la muerte. 

Adopté un modo de vida racional (demasiado racional, me dicen algunos) y he tratado de guiarme bajo esos preceptos de forma muy drástica (dice mi padre). Y bajo esa filosofía de vida (que seguro encontrará contradicciones, pues el ser humano mismo está plagado de estas) solo he encontrado evidencia de una única vida, que no trascenderá a mi muerte. Pero entonces, qué me impulsa en esta vida, me suele preguntar mi madre, a lo que suelo responder: si el limitado conocimiento que tengo sobre algunas disciplinas académicas logro transmitírselo a mis alumnos para que ellos tengan mejor calidad de vida, sabré que mi finita existencia tuvo sentido. Y si mis estudiantes logran seguir transmitiendo dichos conocimientos a más personas, ¿acaso no estaré viviendo yo otra vida después de mi muerte?

Por puro amor al arte armé una cuenta en la red social Instagram, en la cual solo hablo de historia. Ha tenido un mejor arranque y respuesta de seguidores de lo que pude haber siquiera soñado. Si posee cuenta en dicha red social y desea seguirme, me sentiré honrado. El nombre de la cuenta es: ‘Historia_con_el_profe’. 

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