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Opiniones de hoy

Bares y perrihijos

opinion

“¿Hacia dónde vamos después de la pandemia?”

No importan las vicisitudes, la vida continúa. Tras año y medio de pandemia, con los más altos índices de contagio conocidos y más de 11 mil muertos, la gente sigue respirando, saliendo, bebiendo, y en medio del nuevo estado de excepción se están multiplicando los centros de diversión, lo que por un lado es positivo para la economía, pero no para el control de la pandemia ni de los nervios en casos particulares, porque he sufrido en carne propia la inauguración de un bar en la vecindad de mi casa, sin muro colindante porque nunca lo levantaron, con música grabada y en vivo, que los fines de semana arranca en las tardes con esa costumbre del ruido a todo pulmón brotando de una tornamesa con amplificador para intoxicar la cabeza de los jóvenes que asisten sin mascarilla, y que después deviene en concierto en vivo con un guitarrista que a la primera hasta nos divierte, pero luego de un par de horas nos expulsa a la calle a respirar profundo, pensando que no hay mal que dure cien años. A los jóvenes ya no les da miedo el bicho, lo torean o enfrentan, suman cornadas en su historial. Desde el techo salgo a ver a los jóvenes enfiestados y los sufro y comprendo.

La vida no se detiene, pero estamos sin la costumbre de las ferias, de las tradiciones, de la vida en común; ahora todo se debate en las distracciones ruidosas o la expresión de cariño reenfocada en los animales, debido quizá al encierro prolongado del año anterior, a los toques de queda o a la moda extranjera de criar perrihijos, que no es lo mismo que tener mascotas. 

Los perros, gatos, loros, tortugas, culebras, canarios y demás están en los hogares como costumbre venida del paso de granjas a casas alegres, bulliciosas, llenas de niños y ancianos, pero ahora, con la vida moderna, con los edificios, apartamentos, personas viviendo solas o parejas que trabajan y sin hijos, se está multiplicando el nuevo hábito de criar perrihijos, que utilizan mascarilla por protocolo, y andan con sus dueños de un lado a otro, impedidos a moverse si no tienen dónde dejarlos, porque los abuelos se niegan a adoptarlos, y cuando se van de viaje o paseo o trabajo tienen que acudir a los hoteles de mascotas, donde los cuidan, pasean, alimentan, entretienen. En muchos restaurantes de la nueva oleada tras el COVID-19 ya se puede ingresar con chuchos, y hay que ver la socialización entre los amos en las escuelas de perros, a donde se los lleva mientras los padres trabajan, para que los animalitos no se queden solos, o para que les enseñen a sentarse cuando se les ordena o hacer cabriolas de circo. Y lo más increíble es que en dichos centros educativos hay también espacio para la celebración, porque se les festeja con piñata el cumpleaños, hay regalos, sorpresas, cantan happy-birthday-to-you y los padres se salen del trabajo, y toman fotografías de grupo. ¿Hacia dónde vamos después de la pandemia?

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