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Opiniones de hoy

Si el dinero del deporte llegara a los deportistas tendríamos mucho que celebrar

opinion

Dirigentes bien pagados y viajados no fue el espíritu constituyente.

Cuando los constituyentes dejamos plasmado el artículo 91 en nuestra Constitución Política de la República, claramente lo expresamos: “Es deber del estado el fomento y la promoción de la educación física y el deporte”, y asignamos el 3 por ciento del presupuesto general de la nación con dicho fin, lo que es una gigantesca cantidad de dinero.

¿Por qué educación física y no solo deportes? La salud de nuestra juventud depende de la cantidad de ejercicio direccionado que logre hacer. Y quienes destaquen deberían ser inducidos a un programa “semillero”, tal como sucede en los países más avanzados, para que en su desarrollo logren destacar y posiblemente llegar a competencias internacionales como las Olimpiadas o incluso los deportes profesionales.

Sin embargo, esta asignación presupuestaria tan grande se convirtió en un verdadero agujero negro, un pozo ciego sin fondo. 

La premisa de la educación física pasa por dos presunciones iniciales. 

La primera: la nutrición de nuestros niños será suficiente para permitirles un régimen de extenuación física. Primera falacia. Con la mitad de nuestros niños desnutridos se hace imposible que logren un rendimiento ni siquiera adecuado, menos el performance necesario para un deporte a nivel internacional; es decir, en conclusión, la mitad de nuestra juventud simplemente no tendrá la suficiencia física para poder imponerse en ningún deporte y está condenada al fracaso.

La segunda presunción será que los fondos se destinarán a una sustancial mejora de la infraestructura que permita esa educación física. Segunda falacia. La vasta mayoría de las escuelas del sistema público no cuentan ni siquiera con una cancha donde ejercitarse, menos un gimnasio. Ni qué decir de la mayoría de los colegios privados, que —cito solo la zona 1 de la ciudad capital, que tiene 130 establecimientos educativos— ni uno solo, así como se oye, tiene un gimnasio o cancha deportiva para el disfrute de los alumnos, ya no digamos profesores de educación física o programas de entrenamiento.

Entonces nos debemos preguntar: Sin fomento a la educación física desde niños, ¿de dónde saldrán los deportistas olímpicos y profesionales?

Es acá donde se inicia la eterna frustración con los resultados de nuestro país en cualquier, sí, cualquier justa deportiva internacional. Por ejemplo, el eterno desencanto con nuestra selección de futbol, siempre perdedora, a pesar de que es el deporte que más dinero recibe. Los únicos que quedan contentos después de un partido de nuestra selección son los proveedores de cerveza y los dueños de bares donde la gente se aglomera con la esperanza de que, al fin, algún día la selección va a triunfar en algo.

Y, sin embargo, es en los deportes considerados por nuestra sociedad “marginales” de donde provienen las escasas satisfacciones y motivo de orgullo nacional. ¿Cuánta gente cree usted que juega bádminton en Guatemala? Y sin embargo acá fue donde se generó la única esperanza y satisfacción de haber llegado a las Olimpiadas. Eso sí, para vergüenza nacional, los gastos los pagó el atleta, que fue recibido como héroe y el gobierno se negó a que su entrenador fuera parte de la delegación, no pudiendo acompañarlo.

Ni qué decir del fondista que ganó la única medalla de plata en la historia de nuestro país, que declaró que él tuvo que financiarse sus propios gastos. O del corredor de media distancia, que más que producto de Guatemala es producto de los programas deportivos de los EE. UU., y que con su limitado español puso también en alto el nombre de Guatemala, que su único aporte fue haberlo expulsado cuando tenía un año. 

No puedo excluir de este análisis a Cuba, el eterno ganador de Latinoamérica en cantidad de medallas. Aunque no nos guste, ese debería ser un ejemplo a seguir. Pretender emular a una potencia mundial es gastar neuronas en deseos que no se cumplirán.

La isla caribeña ¿por qué produce tantos campeones? 

Simple, muy simple, cada centavo que se gasta en educación física y deportes se traduce en deportistas de alto rendimiento, pues no hay dirigencia que engordar, ese tipo de dirigencia deportiva que tenemos en nuestro país, que no hace deporte, que gana bien y gasta bien, pero nada se invierte en los legítimos beneficiarios, los deportistas.

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