[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Opiniones de hoy

Amor volcánico

opinion

Yo solo podría guiarte si me enseñas por dónde ir.

Nos prometieron montañas, calor de manada, frescura de los bosques nubosos, belleza de las flores de los bosques secos en transición, infinidad de mares, y nosotros, en cambio, les dimos dolor, hambre, torturas y abandono. Te pido disculpas, si es que es posible. 

Evoco todas esas veces en que las distancias llegan en nombre del amor. Evitar que me lastimen evita que la deuda incremente, ya no soy partícipe como víctima. Así lidio yo con la maldad ajena; que dañen en donde les sea más conveniente, pero aquí no. Y vos, ¿cómo lidias con quienes te han mancillado? Porque estoy aquí y entiendo que reconocés mis marcas; aunque no digás nada, te das cuenta. Te das cuenta de toda la malicia que me ha lacerado, del salpullido de mis manos que gritan mis angustias, de la energía desfogada de todos esos lugares en donde he sido miserable. Te das cuenta. Y de pronto esa carga, todos esos golpes que me hacen pensar que no puedo ser feliz, ese cúmulo de desgracias, miedos y humillaciones que me hacen sentir que no merezco ser querida —y que tampoco me quiero—, se desvanece cuando siento tus ojos honestos sobre mí, y me doy cuenta de que nunca existió. Nunca tuve por qué dar explicaciones sobre los fantasmas de mis duelos tardíos. 

Entonces creo que esto pasa porque vos no conocés de rencores, aunque sí de sufrimiento; fuiste blanco perfecto de la maldad humana y sus golpes, de la falta de bondad. Lo sé por cómo te comportás ante hombres ajenos. Has memorizado la agonía, pero también los calores en el pecho. Precisamente por eso no deja de maravillarme tu capacidad amatoria, porque manos como las mías alguna vez te mancillaron y aquí estás, confiando en mí. 

Quisiera poder escucharte. Escuchar para entender, escuchar para acompañar, escuchar para sentir, escuchar para que podamos ser. Ojalá me alcancen los días para poder hacerlo. Aunque no hables el lenguaje de los hombres, yo quiero buscar la forma de poder escucharte. A veces creo que lo puedo hacer, que llegamos a las planicies en donde nuestras formas han sobrepasado toda lógica humana, donde no existe el tiempo ni hay distancias, porque ni siquiera nos conocíamos y ya nos queríamos. Cómo no te voy a extrañar.

Quiero ser testigo de tu capacidad de asombro, ver cómo tus orejitas se extienden, o el pelo se te crispa ante sonidos desconocidos, encontrarnos en tus luces y poder presenciar tu suavidad. Quiero que me enseñes de tus límites, valientes y amorosos, quiero aprender de tu gentileza. Aunque no vivamos juntas, me llamaste hogar, porque venimos de los sentires que nos provocamos, no de los lugares. Esto ha sido tan personal que se volvió colectivo, amor solidario, amor suavecito, amor viento que acaricia, amor de tierna somnolencia. Porque con tu panza hacia el cielo mostrás tu parte más vulnerable y dejás de estar a la defensiva. Cuánto quisiera poder confiar así… La ternura no puede ser vista por la hostilidad y por eso quisiera creer que cuando te veo soy menos cruel. 

Yo solo podría guiarte si me enseñas por dónde ir. Háblame de la lluvia, perra volcánica, háblame de tus amores, conciliemos tus dolores. Porque, cuando temblás, no me queda otra que abrazarte, si así lo quisieras, mientras respetamos los silencios y contemplamos la posibilidad del olvido. El dolor con el que tu memoria carga, a pesar de haber perdonado, no olvida las circunstancias bajo las que has sufrido. Te prometo, perra del volcán, evitarte parajes que te recuerden maltratos, te prometo que dormiremos y descansaremos tanto como nos sea posible, y así encontrarnos en nuestro calor. Te prometo, perra volcánica, dejar a un lado mis rutas de escape, porque ya no estoy huyendo. 

Porque Venus, el planeta del amor, está en vos, nunca me sentí tan bien como cuando me enseñaste a saberme animal.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Federico Bauer Rodriguez
Somos la última generación (III)

La nueva moral es que no hay moral.

noticia Luis Figueroa
Tu dinero para resucitar a Guatel

¡Hasta aquí me llegó la hedentina!

noticia Luisa Paredes / elPeriódico
Nuevos magistrados de la CC juran lealtad a la Constitución

El Congreso de la República juramentó a nuevos magistrados de la máxima corte.



Más en esta sección

Alejandro Giammattei: “es una falta de respeto que se acuse sin pruebas”

otras-noticias

Guastatoya debuta en la Concacaf

otras-noticias

Película dirigida por un guatemalteco llega al Riga Film Festival

otras-noticias

Publicidad