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Opiniones de hoy

La crisis de la que nadie quiere hablar

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El pseudocrecimiento macroeconómico está escondiendo la pobreza y pauperización del 99 por ciento de guatemaltecos.

Bajo el agua corre la más grave crisis económica que nuestro país ha sufrido desde la gran depresión de los años 20 del siglo pasado. Y se nos ha querido esconder detrás de la propaganda de la “recuperación” después de la pandemia y de que Guatemala es el país que menos sufrió económicamente durante dicho periodo. Se hace gala de un supuesto crecimiento de hasta 4.5 por ciento, pero no nos dicen sobre qué datos base. Analicemos.

Nuestro país se jacta de que en comparación con el mundo entero “apenas” se redujo nuestro PIB en 1.5 por ciento. ¿Alguien se pregunta cómo se logró? Muy simple, las grandes industrias nunca cerraron, la salud de los trabajadores fue algo sin importancia, las maquilas, los ingenios, los bananeros, etc., siguieron trabajando como si nada y las exportaciones de dichos productos ¡hasta crecieron! Entonces, si la venta de estos productos aumentó, ¿de dónde viene el bajón de 1.5 por ciento? Pues muy simple, de la economía real de los guatemaltecos.

Entonces sobre la base de datos reducidos por ese 1.5 por ciento, ahora vendrá un crecimiento del 4.5 por ciento; es decir, si comparamos el año 2019 con el 2021, el crecimiento total en dos años será de 3 por ciento, lo que equivale a un crecimiento interanual de apenas 1.5 por ciento durante los dos años. Este ritmo de crecimiento no solo es menor que el crecimiento poblacional, sino que está concentrado en ocho industrias. ¿Y por qué esas ocho industrias están creciendo?

Hay que regresar al “gran paro”, como se le conoce al periodo entre abril y julio del año pasado, cuando la economía mundial básicamente se detuvo, con consecuencias tan perversas que el petróleo alcanzó un precio negativo; es decir, le regalaban el petróleo con tal de que usted lo almacenara. El comercio internacional tuvo una seria disminución y el resultado fue puertos con miles de barcos sin poder descargar. ¿Y esto en qué afecta?

Esta cadena de barcos sin descargar trajo como consecuencia que no había ni barcos vacíos ni contenedores vacíos para cargar mercadería nueva, lo que se tradujo en una interrupción de la cadena de suministros, creando así la escasez mundial de productos que estamos viviendo, desde la madera para construcción en EE. UU., la que se cuadruplicó de precio, hasta el champú en los supermercados locales. Esta disrupción en la cadena de suministros benefició a Guatemala en la mayoría de los casos; por ejemplo, la cadena Starbucks está sufriendo escasez de café y el resultado ha sido la enorme alza en el precio de este producto de exportación esencial para nuestra economía, precio que se duplicó. Lo mismo sucedió con el azúcar, el aceite de palma, el banano y el cardamomo. ¡Qué bien, deberíamos de decir! 

Sin embargo, este no es el caso. Dichas industrias no “gotean” el beneficio; al contrario, lo acaparan y el trabajador sigue ganando míseros salarios, y lo que pinta ahora con la ley del trabajo parcial en vigencia, que lo que viene son reducciones del ingreso real del guatemalteco. La nueva ley no contempla vacaciones que significan un 4 por ciento del costo anual de la planilla ni tampoco indemnización, ya que al no cumplir los días totales mínimos requeridos por el Código de Trabajo, pues simplemente el trabajador no tendrá derecho, lo que resulta en un ahorro adicional del ocho por ciento del costo de planilla. Ni qué decir de los periodos pre y postnatales ni del periodo de lactancia. En resumen, un ahorro del 12 por ciento para la planilla de las empresas y un empobrecimiento del 12 por ciento para las ya precarias finanzas de los trabajadores.

Ni qué decir de la industria del turismo y de la hostelería. Con la perspectiva de que los viajes al extranjero no se recuperarán en menos de cuatro años y con la perversa ley seca y antojadizos cambios de horario que las restricciones imponen un gigantesco sector de la economía está paralizado, lo que además paraliza la cadena de suministros, desde menos cerveza vendida hasta la crisis que sufren los pequeños comerciantes de los mercados que surten de diversos insumos a esta industria. Más de 400 mil empleos que se desaparecieron, basta ver los cotizantes al IGSS, se redujeron 110 mil plazas que cotizan al Seguro Social y el 22 por ciento de las empresas dejó de pagar las cuotas.

La conclusión es que el 99 por ciento de los guatemaltecos ha visto o reducido o borrado del mapa sus ingresos. ¡Qué crecimiento económico ni qué carajo!

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