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Opiniones de hoy

Se escucha el retumbo

opinion

Follarismos

 

De nuevo otro temblor social que apunta a terremoto aconteció esta semana con el rechazo masivo y contundente que el pueblo guatemalteco ha mostrado en las plazas y calles del país contra las actuaciones cínicas del presidente Alejandro Giammattei y de su ministro-servidora que encabeza el Ministerio Público, la supuestamente doctora, Consuelo Porras. La destitución arbitraria de Juan Francisco Sandoval, jefe de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI), una de las pocas personas íntegras de alta responsabilidad en la lucha contra la corrupción y el único sobreviviente en funciones del dispositivo que se creó bajo el auspicio de la CICIG, igualmente desaparecida por decisiones arbitrarias  de Jimmy Morales, anterior presidente involucrado en lo que se ha dado en llamar el “Pacto de Corruptos”, esa destitución arbitraria y sin fundamento del jefe de la FECI, se convirtió en  la gota que rebalsó el río.

Solo que, a diferencia de las manifestaciones y paros del año 2015 en contra de los hoy encarcelados dirigentes del país, Otto Pérez Molina, presidente, y su vicepresidente, Roxana Baldetti, manifestaciones más o menos “espontáneas” organizadas y compuestas por sectores de la clase media capitalina, esta vez, en el año 2021, el estruendo de las protestas surgió y se dejó escuchar sobre todo desde los rincones montañosos del occidente, allí donde las poblaciones indígenas, principales productores de las riquezas, pero también las más reprimidas durante siglos, empobrecidas y marginadas históricamente, han empezado desde hace algunos años a organizarse en sus comunidades para afianzar poco a poco sus identidades y analizar y elaborar un proyecto de nación totalmente novedoso que incluya a todo el mundo –como corresponde a una nación pluricultural–, sobre todo a aquellos que estén a favor de la refundación de un Estado que rompa por fin con la lógica semi-feudal que domina desde la colonia española, para constituirse en un Estado moderno, en el que los derechos humanos tengan algún sentido real y donde la Constitución no sea solamente un panfleto de declaraciones pomposas, tramposas y retorcidas que garantiza –como es hoy el caso–, el bienestar de unos pocos en detrimento de la mayoría.

Somos un país acostumbrado a temblores y terremotos, y estos nos han acompañado toda la vida. Si esta vez la conmoción logra hacer temblar los cimientos del país con sus ríos y montañas, para convertirse por fin en un verdadero terremoto moral que remueva las conciencias y las toneladas de porquería que hemos acumulado en todos los ámbitos, entonces nuestro enojo y nuestras protestas no habrán sido vanas. Así que, ¡adelante!     

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