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Opiniones de hoy

Paro nacional: ¡Es tiempo de romper el silencio!

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La verdadera pandemia en Guatemala es la corrupción.

Quizás está de más establecer por qué es necesario hacer un paro nacional. Guatemala atraviesa otra crisis, una que quizás solo se aplazó por tanto tiempo gracias a la pandemia. Esta vez es una liderada nuevamente por el Presidente y la Fiscal General, dos de las figuras más poderosas de la institucionalidad pública.

Empecemos por el contexto: desde el mes de marzo del año pasado, la pandemia por el COVID-19 provocó grandes temores en la población, al tiempo que se clamaba por una solución, empujando así el desarrollo de varias vacunas. Esta se logró desarrollar y aprobar en tiempo récord, y varios gobiernos tomaron por tarea conseguirla e inocular a su población.

En Guatemala, la ineptitud de nuestros representantes se suma ahora a sospechas de un trato dudoso con el Gobierno de Rusia, donde entregaron Q614.5 millones a cambio de unos 16 millones de vacunas, pero que no han sido entregadas. Sería imperativo investigar las irregularidades en esa negociación y acelerar la provisión de las vacunas, pero seguimos dependiendo de donaciones y el fiscal que quería investigar lo ocurrido fue destituido y forzado a salir del país.

Pasamos entonces a la responsabilidad de Consuelo Porras, máxima autoridad del Ministerio Público, que sabe alardear de actuar dentro de la legalidad, pero es más capaz de entorpecer y despedir a sus mejores fiscales que de investigar delitos. El pasado viernes despidió sin causa justa y arbitrariamente al fiscal anticorrupción, Juan Francisco Sandoval, quien como jefe de la FECI estuvo a cargo de investigaciones claves, desde el caso La Línea, pasando por TCQ e IGSS/Pisa, hasta las Comisiones Paralelas 2020. En total, suman unos 200 casos de corrupción en todas las esferas del Estado. Los casos investigados son apenas una muestra de la corrupción, que es la forma común de operar en las instituciones del Estado y las actitudes de personas en puestos claves, que actúan con total negligencia hacia el impacto de sus actos sobre la población guatemalteca. 

La compra oscura de millones de vacunas es ilustrativa: no están, en ningún lado, ni las dosis, ni el cronograma de entregas, ni garantía de cumplimiento o mecanismos de control. El Presidente se escuda en el discurso “provida” y de supuesta defensa de “la institucionalidad a la familia”, pero sus acciones concretas solo revelan lo poco que le importan la lucha contra la corrupción, la desnutrición crónica, los embarazos infantiles, la discriminación y el racismo sistemático que impera en el país. 

Por el otro lado, la Fiscal, una persona que se jacta de velar por el imperio de la ley, únicamente actúa cuando es conveniente para ella o sus allegados, pero se dedica a obstruir la acción independiente de los fiscales. Por suerte, ya casi nadie cree en su retórica de “análisis objetivo y técnico” o cualquier otro de los adverbios redundantes y rimbombantes que utiliza para esconder la verdad. 

¿Qué haremos las y los ciudadanos de a pie? ¿Quedarnos de brazos cruzados? ¿Quejarnos en redes sociales en la comodidad de nuestros hogares? La pandemia es una preocupación real para muchas personas, y con razón, pero como ha demostrado la negligencia del Estado, la verdadera pandemia en Guatemala es la corrupción. Esta se ha magnificado por la indiferencia y apatía de la ciudadanía. Es por ello que resulta urgente reclamar los espacios públicos, reconocer el deber cívico de examinarnos a nosotros y nosotras mismas y empezar a tender puentes a nivel social. 

Muchas personas están consumidas por la imperiosa necesidad de obtener los recursos necesarios para su supervivencia diaria, pero incluso quienes más sufren han dado un paso valiente y convocado a un paro nacional, progresivo, pero con una mirada clara en la transformación del país. Es tiempo de examinar nuestras acciones y cambiar de actitud, reconocer nuestro deber cívico y tomar una decisión: podemos seguir con la misma rutina, los mismos pesares, los mismos problemas sin solución, o tomar la decisión valiente de, por un día, por una hora, por un momento, reconocernos como iguales, exigir los cambios urgentes que necesita el país y protagonizar lo que tanto le urge al país: romper el silencio de la conformidad. 

*Abogadas feministas, especialistas en derechos humanos.

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