[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Opiniones de hoy

Sueño de una noche de canícula

opinion

La bacanal de la corrupción nunca terminará.

La fiesta de carnaval era una bacanal de corrupción. En el recinto de estilo gótico, la fiscal general, Consuelo Porras, tomó el micrófono. Pidió un momento de silencio. Se quitó el antifaz negro, pringueado de rojo, y gritó: “Destituí a Juan Francisco Sandoval, de la FECI”. En el salón tronó la gritería. Todos se abrazaban y pedían más licor para seguir bebiendo. Casi sin equilibrio, el presidente Giammattei se abalanzó para abrazarla. Tomó el micrófono y dijo que cuando la fiscal Porras concluyera su periodo la nombraría por cuatro años más. Inmediatamente hubo grandes porras. Ella respondió sonriente: 

“Cumplí mi palabra con usted, señor Presidente. A sus órdenes”. Agazapado, yo observaba todo desde una ventana.

 Ya de madrugada, en medio de la borrachera, emisarios rusos dijeron que ya no podían seguir pagando la cuenta. Retiraron la orquesta y los finos licores que aún quedaban en el bar, porque la compra de vacunas ya no daba para más. Entonces, Miguelito tomó el micrófono y gritó: “Que se abran las caletas”. Todos a coro replicaban más fuerte: “¡Que se abran las caletas!”.

Días después regresé al recinto, en donde seguía la fiesta al grito: “Se fue Sandoval. ¡Se fue Sandoval!”. El ambiente ya estaba enrarecido, con tufo a aliento a trago, colillas de cigarro, sudor y humo de pitos de mariguana. En vez de la orquesta, conjuntos de mariachis interpretaban narcocorridos. 

Algunos de los celebrantes estaban tirados en el suelo, ya borrachos o con lineazos de cocaína. El carnaval de la corrupción era un espectáculo que nunca hubiera imaginado que aconteciera. El baile era promiscuo. A grito pelado, alguien gritaba: 

“¡Mucha ropa!, ¡mucha ropa!”. No puedo relatar todo lo que vi. Todos coreaban: “No pare, sigue, sigue. No pare, sigue, sigue”. De pronto hubo un gran silencio de sorpresa. Al recinto entraron Otto Pérez y Roxana Baldetti, liberados el día anterior. Baldetti llegó feliz y despeinada. Otto gritó que pronto se unirían a la fiesta los demás liberados de Matamoros y el Mariscal Zavala. Sintiéndose honorable, decente y honrado, Otto Pérez tomó el micrófono para cantar: “Si te vienen a contar cositas malas de mí, manda a todos a volar y diles que yo no fui”. La ovación fue larga y cerrada. Todos siguieron bebiendo con más entusiasmo.

Era tanta la felicidad que la fiesta se prolongó por meses. En realidad, pudieron ser inclusive años. Se abría una caleta y otra. Al dueño que aportaba el dinero mohoso lo aplaudían con entusiasmo. “Ya tendrás la oportunidad de recuperarla con creces”, le gritaban. Sin embargo, el grito más frecuente era el de vivas a la fiscal Consuelo Porras.

De pronto, vi que por la calle venía una multitud de personas acompañadas de la policía y el ejército. En el sueño, me pregunté: “¿Qué será esto?”. Un adelantado me dijo que el partido de Codeca había ganado las elecciones. Me refirió también que ya habían trasladado la capital de la ciudad de Guatemala a Santa Cruz del Quiché, de donde venían a capturar a los corruptos. Estos, que no estaban en su sano juicio, no sabían ya ni lo que había pasado. La policía y el ejército cercaron el salón y entraron a realizar la captura de todos los asistentes a la bacanal del carnaval de corrupción. Atemorizados, los guardaespaldas soltaron las armas. “Ya los recontrataremos para que nos cuiden”, dijo uno por allí. En camiones se fueron llevando a todos los que por meses y años venían festejando la destitución de Sandoval. A empujones subieron a la exfiscal Consuelo Porras. Solo pude oír que Miguelito, cara de ángel, le dijo al expresidente Giammattei: “Te lo dije, el que parpadea pierde”. Apenas si pude ver que recapturaron a Otto y Roxana. A Otto lo llevaron a Pavoncito. Fuera la multitud gritaba: “¡Corruptos, a la cárcel! ¡Que se pudran en los calabozos!”. Sonaban las sirenas y las bocinas de los autos, en medio de un descontrol general. Mudo, observaba todo sin perder detalle.

Los de Codeca entraron a celebrar su triunfo. Pidieron que además de narcocorridos también hubiera narcocumbias. En la madrugada, los nuevos gobernantes de Codeca ya estaban borrachos. El recinto apestaba a sudor. Thelma Cabrera gritaba: “Cambiaremos la Constitución y nunca jamás entregaremos el poder”. Yo me quedé de una pieza. Un desarrapado gritó: “Patria o muerte; ya vencimos”. Alguien lanzó un alarido: “Ya tendremos nuestras propias caletas”. Otro más allá le contestó: “Hacé sho, vos, mula”. Alguien más alegó que eran el botín electoral. “¡Viva la compañera Thelma!”. Pidieron que se bebiera no solo cusha, sino también cubalibre. Pronto un camión repartidor llevó las cajas de Coca Cola. “¡Aquí todos somos antiimperialistas!”, gritaban varios. Y más allá: “¡Haremos de Guatemala otra Venezuela!”. Nunca nombraron a Juan Francisco Sandoval como fiscal general, aduciendo que él solo era experto en justicia burguesa, no en la justicia revolucionaria, casuística y nunca escrita. Mientras les sirvió, lo utilizaron. La fiesta siguió por años.

Del resto del sueño apenas si recuerdo que estaba en el vestíbulo de un hotel en Nueva York. En elPeriódico leía las denuncias de corrupción que traía elPeladero de ese domingo. Un gringo desconocido, que medio entendía el español, me dijo: “The same fucking shit”. Algún chapín despistado me lo tradujo: “Que cambiaron el switch”. Suichearon a unos por otros. Por los rieles del tren de la corrupción, en sus vagones siempre pasan los corruptos políticos de todos los colores, embriagados de poder. Todo cambió para que, en el fondo, no cambiara nada. Por razones de soberanía, aún con cara de batidor, henchidos de patrio ardimiento, los de Guatemala Inmortal cantaron el himno de Guatemala en el Central Park de New York. Algunos de clase media alta habían ya hecho de Mayami su nueva capital. Como lagartos, los más adinerados tomaban el sol en las Islas del Gran Caimán. Entonces yo recapacité: “Qué hago aquí, si yo soy de Guatemala”. Me fui al aeropuerto a tomar el primer avión de regreso. ¡Allí siempre estará mi fatiga y lucha! La del periodista libre nunca acaba.

Cuando desperté vi que estaba en mi cama. Pero amanecí estremecido por el sueño porque, algunas veces, estos son premonitorios. Cuando abrí elPeriódico comprobé que la banda de corruptos seguía allí. Hice una pausa. Tomé un poco de café para espabilarme. Una y mil veces le di la razón a Miguel Ángel Asturias cuando decía que en Guatemala solo se puede vivir a v… Pero no como la que en mi sueño se pusieron los unos y los otros con el dinero del pueblo.

gasturiasm@gmail.com

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia AFP
Castillo designa una nueva cúpula militar en Perú
noticia AFP/UNIVISION
Trump presionado a renunciar o enfrentar otro juicio político

La cuenta de Twitter del Presidente fue suspendida, de forma permanente por “riesgo de incitación a la violencia”.

noticia Isela Espinoza/ elPeriódico
CAMPO Chiantla, un oasis para la agricultura en el altiplano

Por medio de la agricultura moderna, el centro capacitará a los agricultores de seis corredores económicos con el objetivo de disminuir la inmigración.



Más en esta sección

Costa Rica avanza en reducción de embarazo adolescente pero persisten retos

otras-noticias

Fundación Real Madrid y Millicom – TIGO firman alianza

otras-noticias

Nicaragua promueve reforma para suspender a diputados sin sentencia firme

otras-noticias

Publicidad