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Opiniones de hoy

Tres claves para redoblar la esperanza

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Transformemos el dolor en flama que alumbre.

En estos tiempos de desazón e impotencia, ¿qué tal si redoblamos la esperanza? El contexto pide a gritos obediencia y pensamiento desde la derrota, pero nosotras, nutridas desde el feminismo, decimos que no, que nos negamos a aceptar sus migajas, que sabemos que son tiempos hostiles, pero creemos, más que nunca, en juntarnos con quienes compartimos luchas y necesidades a sumar fuerza política. Y si al leer “política” frunció el ceño o elevó su ceja, llamémosle de otra forma o inventemos nuevas, “corazonémosla” como nombran en el sur de Abya Yala a esta forma de poner la política en función de la vida. 

Sabemos, estamos seguras que no solo se vale, sino que es necesario y urgente pensar el futuro en clave de las respuestas que tenemos para nuestras necesidades. Y eso exige diálogo, conversa, escucha atenta y trenza (primera clave). Y ahí radica uno de los desafíos ¿a quiénes o con quienes solemos hablar?, ¿con qué voces solemos acompañar nuestras luchas? Quizás, entonces, se trata de preguntar(nos) ¿dónde han quedado las voces de quienes nos antecedieron? ¿Cuánto apelamos a sus enseñanzas?

Cuando me hice estas preguntas aparecieron mis abuelas, una de ellas fue sanadora, poderosa y fue de quien aprendí la persistencia. La otra -flaca como vara, pero fuerte como huracán- fue quien me legó la necesidad de la resistencia. Y cuando las evoqué, sus voces, sus historias, sus enseñanzas me hicieron sentir acuerpada. Pero, sobre todo, las sentí a ellas vivas en mi memoria. 

Y ahí, la segunda clave. Recuperar la memoria. Aún la de los dolores porque en la medida que nos conectemos con los dolores que son “ajenos” pero “nuestros”, los traemos del pasado al presente, los traducimos y pueden transformarse en motores de nuestras luchas. Es decir, en su potencialidad nos brindan herramientas para sanar. Porque si no ¿qué hacemos con tanto dolor acumulado? O lo transformamos en flama o probablemente nos abrume y nos apague. Recuperemos la mecha y permitamos que alumbre el porvenir, que nos nutra de sus experiencias. Pero no solo.  

Tercera clave. Atrevámonos a crear, a soñar, a imaginar cómo queremos vivir y convivir. Radicalicemos nuestra defensa de la vida, del territorio – cuerpo, hagámonos responsables del milímetro de historia que nos toca para conformar la historia de la humanidad. Derrumbemos los viejos modelos, pongamos en duda las certezas y hagamos una reingeniería de las formas, amalgamémonos sin volvernos masa amorfa y homogénea, encontrémonos en los puntos que nos conectan con las otras personas, luchas, memorias.

Si al leer esta columna una llamita le atravesó el cuerpo, quizás llegó la hora de pensar en un horizonte distinto, en dejar de entregarle su energía vital a quienes todos los días trabajan para la muerte. Más que reaccionar: accionemos. (¡Ah! Seguro no son tres las claves, pero, para empezar un camino siempre hay que dar el primer paso).

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