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Opiniones de hoy

La paradoja del poder de Giammattei

opinion

Reina, pero no gobierna.

El Pacto de Corruptos, que encabeza Giammattei, tomó el control de la CC por las buenas y por las malas. Giammattei impuso a sus candidatos en los tres organismos del Estado, y no conforme arrebató la designación del Colegio de Abogados y la Universidad de San Carlos (no por mucho tiempo, pues el Consejo Superior Universitario ha actuado verticalmente, con dignidad y apegado a la ley, frente al acoso e intimidación de grupos facciosos y hasta del MP).

Son absolutistas. Si con esa convicción y tozudez cumpliesen sus deberes constitucionales, la inmensa mayoría se lo reconoceríamos. Pero no pueden, por la naturaleza del poder que forjan ( y, por lo visto, carecen de inteligencia estratégica).

El control total de la CC teóricamente convierte a Giammattei en una suerte de pequeño dictador que, sin embargo, vive su paradoja: ejerce el control de todos los poderes del Estado, a la vez que sus niveles de aceptación popular están por los suelos. De las encuestas de mayo pasado, que he podido estudiar, deduzco que ni siquiera el 14 por ciento de ciudadanos que le dieron su voto hace 23 meses, en la primera ronda electoral, le fían ahora.

En el ejercicio del poder político en democracia, la paradoja de Giammattei se traduce en lo que mi papá —un maestro de obras que conocía muy bien su oficio— llamaba “hierro de fundición blanco”: parece resistente, pero es frágil, se usa en los recubrimientos de mezcladoras de cemento, me decía. 

El propio Giammattei encierra en su personalidad esa paradoja. Parece fuerte porque grita, regaña, es enjundioso e inflamable. Pero es débil. Un presidente que (auto) erosiona su legitimidad en un abrir y cerrar de ojos, incapaz de extraer los mínimos resultados de su equipo de gobierno y siempre buscando la viga en el ojo ajeno (la gente se enferma porque quiere; quien le pide cuentas: “¿dónde está el dinero?”, es conspirador), es peor que un gobernante débil. 

Giammattei es rehén de la dictadura corporativa, que integran redes de corrupción y crimen. Reina, pero no gobierna. 

Desde el primer periodo de gobierno democrático se decía que al presidente había que llevarlo en “zopilotío” en el último año del mandato, pues no daba más. Por eso, a los ocurrentes de la reforma constitucional de 1994 —con ocurrencias no tan inocentes en política crediticia— se les ocurrió que había que recortar el periodo de gobierno de cinco a cuatro años. 

El “cisne negro” de la pandemia desnudó la ineptitud arrogante de Giammattei, y evidenció sus grilletes. Apenas iniciando su segundo año de mandato ya está en “modo zopilotío”. 

Martín Toc, presidente de los 48 Cantones de Totonicapán, encarnó la dignidad del pueblo y, con palabras medidas, le dijo en su cara a Giammattei grandes verdades. El grotesco presidente del Congreso, Allan Rodríguez, celebró antes de tiempo su triunfo de neutralizar, mediante agasajos, a las autoridades indígenas tradicionales. Otra metáfora de lo que viene. 

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