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Opiniones de hoy

De vacunas, leyendas negras y mi experiencia

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Las pandemias terminan cuando se encuentra la cura o la población le pierde el miedo a la enfermedad.

Recuerdo en el momento más oscuro de la cuarentena, durante mi lucha por la reapertura del país, escuchar en una entrevista al magnate de las computadoras y experto en virus y antivirus, sistema con el cual amasó su gigantesca fortuna. En esa entrevista sentenció: “El que crea que en abril podrá regresar a su vida está equivocado, no habrá normalidad hasta que exista una vacuna…”.

Dicho y hecho. La carrera por la vacuna ya había iniciado. Los países ricos subsidiaron al ritmo de US$10 mil millones a las compañías farmacéuticas para el desarrollo de la misma. ¿Con esta gigantesca subvención estatal, deberíamos preguntarnos si entonces esa vacuna y sus patentes no son acaso un bien público?

La vacunación es un derecho, no es gratuita, pues ya la pagamos con nuestros impuestos; no es un favor ni un beneficio, pues somos sujetos de derechos y debemos ejercerlos. La enfermedad es un asunto de salud pública y el Estado tiene la harta obligación constitucional de mantener al ciudadano en el goce de su salud. 

Al momento de escribir estas líneas se había recibido un poco más de un millón de dosis, la mayoría regaladas, sí, de caridad, más las 500 mil que ofreció los EE. UU. antes de fin de mes y las otras 500 mil que entregará México el fin de semana. Será un total de 2 millones de dosis. Y en 15 semanas de vacunación se han logrado apenas 660 mil inoculaciones, entonces la proyección es que primero se vencerán las vacunas donadas que lograr inmunizar a 2 millones.  

La vacunación en Guate, un fracaso anunciado, tal como lo destaca un vespertino en su primera plana. El Salvador y Chile han vacunado a su población mayoritariamente con la vacuna china Sinovac. Esta misma vacuna está homologada por la Unión Europea. ¿Qué nos impide recibir ayuda de China si Taiwán no puede?

Cuando se abrió el registro para los mayores de 60 años decidí esperar unos días para hacerlo, tal vez intentando estudiar el comportamiento de la población y el suministro de las nuevas dosis. No fue sino hasta que se anunció el registro para los mayores de 55 que decidí registrarme, un proceso simple para el que conoce el mundo digital, pero me pregunto: ¿Qué tan imposible es esto para el adulto promedio que apenas puede escribir mensajes en WhatsApp? A los pocos días decidí verificar en la página del MSPAS si estaba inscrito, y efectivamente así fue. En el renglón donde le solicitan a uno un centro en la cercanía de su residencia yo puse zona 16, a pesar de que no vivo por esa área y la razón es que en días anteriores se había anunciado que la Sputnik V solo la estaban aplicando en la URL y en el CUM, vacuna que yo deseaba fuera utilizada en mi persona. Para mi sorpresa, me llega el famoso mensajito citándome al Instituto Gómez Carrillo, que por lo lejano y a sabiendas que allí no aplicaban la Sputnik V, solicité reprogramar la cita.

En el ínterin, el escándalo de la compra de la Sputnik V agarró otro rumbo, ya no era la discusión su eficacia, sino su suministro, y el hecho de que es la única vacuna NO aprobada por la Unión Europea ni la FDA norteamericana. Las especificaciones de dicha vacuna obligan a la segunda dosis a los 21-28 días o se pierde la eficacia y el MSPAS lanzó un comunicado diciendo que la segunda dosis se aplicaría a los 90 días. Pregunto ¿para qué?, si ya se va a haber perdido la eficacia y la vacunación será en vano.

Mi mente cambió de estado y la vacuna Sputnik V que pretendía recibir me pareció que no sería la correcta, ante la incertidumbre de su suministro y al enterarme de que la manufactura de la misma sería maquilada por otros proveedores. Decidí entonces vacunarme con AstraZeneca.

Al final de cuentas recibí la reprogramación y me citaron a Explanada Cayalá a las 8:00 am. Llegué a las 7:45 y fui el turno número 12. Nos dejaron entrar hasta las 8:45 y el único personaje visible era un emetra mal encarado. A las 10:00 am aparecen unos delegados del MSPAS a advertirnos que la vacuna sería la Sputnik V, no la AstraZeneca, y dijeron tantas cosas negativas que la mitad de los carros que estábamos allí nos fuimos, literalmente asustados.

Me dirigí al edificio de los Colegios Profesionales, en donde había tremenda cola, y después de dos horas fui vacunado. Todo el proceso se llevó a cabo al aire libre en forma ordenada y con magnífica atención, pero para variar el pelo en la sopa. Después de recibir la vacuna hay que esperar un mínimo de 15 minutos, y adivinen ¿en dónde ponen a la gente a esperar? EN UN CUARTO CERRADO, vaya pues qué contradicción, debiendo ser este tiempo de espera en un área abierta. Y el último trámite, que es recoger la constancia de vacunación, fue en un pasillo también cerrado, en donde el tráfico es alto, y es la única entrada y salida. Sin darle chance al distanciamiento social.

Hago este relato con el ánimo de motivar a que se vacunen, ustedes estarán en menos riesgo y gracias a sus acciones nosotros estaremos en menos riesgo. No le hagan caso a todo lo que se escucha negativo del efecto de las vacunas. La salud de todos significa la salud de cada uno. VACÚNESE.

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