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Opiniones de hoy

La clase media es un bastión de la democracia

opinion

Los clasemedieros rechazan la dependencia clientelista.

La clase media es la capa poblacional constituida por profesionales, técnicos, estudiantes universitarios, maestros, trabajadores calificados y pequeños y medianos empresarios, entre otros, cuyo nivel económico o social no es alto ni bajo, sino medio. La clase media vive del emprendimiento propio o de su trabajo; y, asimismo, es el segmento poblacional que más consume en el país, que ahorra en los bancos del sistema, que paga impuestos y que alienta el debate intelectual, cultural y político.

El ensanchamiento y fortalecimiento de la clase media es la mayor garantía de movilidad social y gobernabilidad en una sociedad, porque con ello se dinamiza la economía, se afianza el sentido de pertenencia, la interacción social, la justicia del respeto, la cohesión social y la comunidad de ciudadanos, así como se alientan las aspiraciones, las iniciativas y los desafíos. Por el contrario, la reducción y erosión de la clase media son traumáticas para una sociedad, porque la dinámica socioeconómica se ralentiza, se genera inestabilidad política y, consecuentemente, se da pábulo a la mediocridad, la desconfianza, la inconformidad, la paralización y el desorden.

La clase media ostenta conciencia política; protesta en contra de la mala calidad de los servicios públicos, especialmente en los ámbitos de la justicia, la seguridad, la salud, la educación, el transporte y la infraestructura física, así como en contra del despilfarro de los recursos estatales y contra la corrupción en el sector público. Por tanto, la clase media, que, en gran medida, financia al Estado, a través de impuestos progresivos, es la que demanda la eficacia fiscal, la reforma política e institucional del Estado, la protección de la competencia y la garantía de igualdad de oportunidades, por lo que los “clasemedieros” o “aspiracionistas” no son egoístas, sino altruistas, más no colectivistas; además, son bastiones de la autonomía personal, de la superación individual, de la asunción de la responsabilidad de la propia vida y de la movilidad social ascendente; y, por ende, desprecian y rechazan la dependencia o subordinación a un poder.

Sin duda, la clase media es el muro de contención en contra del populismo antidemocrático, despilfarrador, abusivo, inconsecuente, que echa mano de la propaganda del odio y del divisionismo, que se vale del clientelismo político y que, asimismo, recrea el círculo vicioso de la pobreza. Esto último lo reconoció el actual gobernador del estado de Miranda (Venezuela), Héctor Rodríguez Castro, de extracción chavista, al decir: “No es que vamos a sacar a la gente de la pobreza para llevarlas a la clase media y que pretendan ser escuálidos (opositores)”.

La clase media ha dicho basta cuando los regímenes populistas han destruido la economía, socavado la institucionalidad democrática y defraudado la confianza ciudadana; y es la que, finalmente, asume la autocrítica y rectifica, lidera la rebelión y, en su caso, apuntala el control de daños, la reconstrucción nacional y la regeneración democrática.

En Guatemala, los populistas, si bien han alcanzado el poder del Estado, no han conseguido consolidarse y perpetuarse, gracias a la conciencia cívico-política de la clase media, que los ha rechazado una y otra vez a través de la disidencia valiente y del voto en contra.

Los populistas siempre están al acecho, polarizando, sembrando odio, rencor y miedo, atacando a la democracia institucional y al Estado de derecho, cautivando incautos, a base de engaño y demagogia; buscan frenéticamente tomar o perpetuarse en el poder por medio de la manipulación electorera, o hacerse de cargos públicos clave para abusar de la autoridad, acceder a recursos ilimitados y tener oportunidad de vengarse y reprimir a opositores y disidentes, a base del llamado “derecho penal del enemigo”, que incrimina al políticamente peligroso, como ocurre hoy día en Nicaragua y Venezuela

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