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Opiniones de hoy

Los criollos a merced de un pardo y un mulato (II)

opinion

“No al venal antejuicio de la tremenda Corte contra Francisco de Mata Vela”.


Pues en 1837 sucedió que los pueblos se levantaron en armas en oriente con el xinca Chema Zapeta y el pardo Rafael Carrera al frente para defender sus tierras, pues Gálvez cedió Chiquimula al inglés Marshall Bennett, una arbitrariedad en plena epidemia del cólera. 

Gálvez mandó a su ejército y luego al presidente federal Morazán, pero no los pudieron derrotar. Y viendo que en Mataquescuintla sus mujeres se refugiaron en la iglesia, Morazán mandó a violar a la esposa de Carrera y eso nunca se lo perdonará. Entretanto, Gálvez dio por terminado el destierro del marqués Juan José Aycinena, Marcial Zebadúa, Urruela, Matheu, García Granados, Pavón, Piñol. A los dos primeros los nombró ministros y les hizo saber que el guerrillero Carrera cabalgaba con los xincas y los finqueros pardos Antonio Solares y los hermanos Cruz (Vicente y Serapio). Entretanto, Juan Francisco Barrundia dejó de ser aliado de Gálvez y le exigió su renuncia, y con la ayuda de Carrera y sus “bárbaros” ocuparon la capital indefensa causando pánico entre la gente, y Gálvez dejó su cargo. Los milicianos fueron a rezar en la Catedral cerrada desde 1828 obligando al padre Francisco Larrazábal a abrirla, el único cura en la capital. Carrera hizo su campamento en la Plaza Mayor, mientras el vicejefe de Guatemala Pedro Valenzuela ocupó el cargo de Gálvez.

Este y Barrundia estaban de plácemes y apoyaron la creación del Estado de los Altos, mientras alejaron a Carrera a un modesto destacamento militar en oriente, pues sus milicianos se desbandaron para ir a sembrar sus milpas. Ante la amenaza común que este representaba, los criollos de ambos bandos dispusieron liquidarlo, pues para el cura Larrazábal eran “unos bárbaros sin virtud alguna, ni moralidad, ni alguna propensión a la humanidad… Por religión entienden las apariciones, visiones…” (La montaña infinita, p. 81). 

Y llamaron a Morazán a librarlos de esas huestes. Este ya era un dictador, pues no convocó a elecciones federales. Así, Carrera pensó matar a liberales y conservadores. Ocupó la hacienda San Jerónimo de Marshall Bennett en Salamá y requisó todas las armas, pólvora y la rebelión contó con la ayuda del mulato insurgente hondureño Francisco Ferrara, vuelto hombre fuerte de Honduras. Morazán a la vez se volvió dictador de El Salvador y volvió a Guatemala. En Mataquescuintla fusiló a los suegros de Carrera. Pensando haber deshecho el movimiento campesino, llegó a la capital guatemalteca para alivio de los criollos de ambos bandos, que le hicieron gran fiesta (Gálvez se les unió para celebrar). Mientras Carrera huía y rehacía sus fuerzas, Morazán se estableció en Antigua Guatemala. El marqués Aycinena fue enviado a una reunión de delegados de los gobernantes centroamericanos para tratar asuntos de la federación en crisis, y, a pedido de El Salvador, Costa Rica y Nicaragua, la acordaron disolver, efectiva para el venidero 1 de febrero de 1839. Eso enojó a Morazán y volvió a San Salvador para impedirlo.

Un sicario bien pagado mataría a Carrera, pero este fue quien lo mató al ser atacado. El xinca Zapeta murió en acción. Mientras Morazán llegó a San Salvador, 800 hombres de Carrera fueron derrotados por Barrundia en Villa Nueva y Carrera, malherido, fue escondido y un chamán le salvó la vida. Tras reagrupar a sus tropas ocupó Guatemala. A pedido de los quichés, cuya aristocracia estaba por perder sus tierras, vencieron al Estado de los Altos. Luego, Carrera volvió a Guatemala y venció a Morazán, quien huyó a San Salvador y luego a Perú. 

Los criollos de Guatemala quedaron a merced de Carrera y Ferrara, así como los de El Salvador. Pensaban que los mataría porque en Quetzaltenango fusiló a 17 criollos por desobedecerlo, pero se conformó con mandar, con un presidente títere Rivera Paz, y defender las tierras y quitar los tributos del campo. Así, se mantuvo en el poder hasta 1848.

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