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Opiniones de hoy

Actualidad del Ulises de Miguel Ángel Asturias

opinion

Volvió sin regresar Ulises.

Hacia el año de 1930, Miguel Ángel Asturias escribió un soneto titulado Ulises, el cual yo actualizo, porque es mi realidad y mi destino y también el de muchos guatemaltecos conscientes. El poema dice así:

     Íntimo amigo del ensueño, Ulises

     volvía a su destino de neblina,

     un como regresar de otros países

     a su país. Por ser de sal marina

     su corazón surcó la mar meñique

     y el gran mar del olvido por afán,

     calafateando amores en el dique

     de la sed que traía. Sed, imán,

     aguja de marea entre quimeras

     y Sirenas, la ruta presentida

     por la carne y el alma ya extranjeras.

     Su esposa le esperaba y son felices

     en la leyenda, pero no en la vida,

     porque volvió sin regresar Ulises.

La lectura de un libro es una larga travesía, como la de Ulises, en la que el autor de la obra, piloto de la nave, nos lleva a otros puertos. A través de la lectura he viajado a otras ciudades y por otros mares. En La peste, Albert Camus me llevó a Orán a ver el combate de la enfermedad. Pepe Milla me sumergió en la Guatemala hispánica de La Antigua Guatemala. Mario Vargas Llosa me condujo a conocer detalles novelados del asesinato del Presidente de la Dominicana y de sus tentáculos en Guatemala. García Lorca me presentó a Antoñito el Camborio.

Como la de Ulises, también lo ha sido la travesía de los viajes que he realizado para conocer, por estudio o turismo, otros países, otras culturas y otras gentes. He ido tan lejos como San Petersburgo, Catar, Shanghái, San Francisco o Pamplona, en donde viví los Sanfermines y visité la taberna frecuentada por Hemingway.

En una siesta en hamaca, en una tarde de bochorno de la bocacosta, me he hamaqueado oníricamente como lo hizo el barco que llevaba a Ulises. He ido de un lado al otro. Y he soñado con mundos fantásticos y con quimeras, con los “… mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón” de Machado. Al despertar del sueño en la hamaca, al terminar un viaje a otros países, al cerrar un libro volví a mi realidad guatemalteca. 

De otros mares y puertos, de conversar con otras culturas, de ver luchas exitosas contra temibles dragones que lanzaban fuego por la boca, he regresado a esa Guatemala de neblina, en la que los reptiles nos aplastan y nos devoran. Soy feliz en la leyenda porque Guatemala ya no me entusiasma. Dice Miguel Ángel que “volvió sin regresar Ulises.” Y yo digo: ¡volvió sin regresar Gonzalo! Mi carne y mi alma aquí son extranjeras, como las del soneto asturiano. Para mí, Guatemala es sobre todo nostalgia. Preocupación y descomposición. Quizá faena perdida. 

Angustia por un más allá sin más allá. Guatemala es la tristeza del adiós de los migrantes. La paranoia del hambre. La política de burdel. Es naufragio sin barco. Ceño fruncido ante las noticias diarias. Guatemala es un jaguar que devora ilusiones. Selva sin brújula. Torre de vigía sin vigilante. Huele a engaños. A luchas perdidas. Difícil ganar una. A mentiras de candado que no se puede abrir. Perdimos la llave. Perdimos el rumbo. Quizá algún día cercano diga de mi país lo que, con rabia y tristeza, hoy pienso y digo de Nicaragua o Venezuela. Guatemala es torbellino. Terremoto. Borrasca. Es hermoso celaje del ocaso. ¿Estoy triste, deprimido o pesimista? Jamás. Todo lo contrario, el positivismo y optimismo natural mío lo he blindado con Dios, mi familia, mi trabajo, mis libros, mi cultura. Me atrinchero en mis proyectos. Uno de ellos, terminar el ensayo que me ha tomado años redactarlo. Sé que tendrá buena acogida. Tengo muchos amigos. Cada libro es un amigo. Me hablan y les hablo. Son mis maestros. Cuando discrepo, discuto con ellos. Pero mi felicidad acaba cuando me levanto a confrontar la realidad colectiva. Con rabia veo que los reptiles siguen allí. Guatemala tiene un sabor agridulce. Porque amo a mi país, sigo aquí.

Debo tomar de nuevo el barco en pos de aventuras que valgan la pena vivirse. Nuevas conquistas. Ir a poesías y  narrativas más racionales y humanas. Veré otros éxitos. Celebré otras fiestas. No es saludable solo estar en velorios. La niñez es destino. Volveré a la mía, que fue muy alegre, para jugar con cincos y volar barriletes. Para andar vestido de cucurucho en los cortejos procesionales. 

Haré nuevos viajes. Leeré nuevos libros. Soñaré en la hamaca. Jugaré nuevas partidas de ajedrez. Me iré a la utopía, que es mi destino. Allí pertenezco. De allí soy yo. Volveré a lugares ya visitados. Con Don Quijote confundiré molinos de viento con gigantes. Y al final irremisible, como “todo pasa y todo queda, y lo nuestro es pasar”, según dijo Antonio Machado, solo diré que he sido inmensamente feliz. Cambiando un poco los versos de Amado Nervo exclamaré: Vida, nada me debes; nada te debo. Estamos en paz.

gasturiasm@gmail.com

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