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Opiniones de hoy

La cuarta ola

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“No queda otra sino aferrarnos al kit médico milagroso”.

En mayo del año pasado se elevó la primera ola de contagio de la pandemia en nuestro país después de casi dos meses de encierro, grandes medidas de contención, toque de queda y estado de emergencia.  El hecho se atribuyó al relajamiento después de la prevención sin sorpresas y al Día de la Madre. Los chapines no pudieron pasar por alto dicha fecha, y la gravedad fue inmediata, subió semana a semana el número de contagios y la mortandad. Recuerdo que cuando pasó de 24 fallecidos al día el pensamiento era que cada hora caía una víctima, y siguió aumentando, y se duplicó, y para la semana del 6 al 12 de julio se reportaron 373 fallecidos en el país, con alrededor de 53 al día, pero para entonces ya se había empezado a encontrar alivio en medicinas que habían funcionado en Sudamérica, como la ivermectina, en la que aún muchos no creen, pero se vendió y vende en las farmacias como pan dulce, y se facilitó gratuita con un Kit Médico en los Centros de Bienestar Respiratorio de la Capital y en puestos de salud del Estado, y aunque aún hay muchos incrédulos la curva descendió, hasta estabilizarse a mediados de octubre, cuando se reportaron 33 fallecidos en el país en una semana, entre 4 y 5 al día. No había para entonces la esperanza de la vacuna, pero los remedios circunstanciales suavizaron el embate del contagio.

Para Navidad vino nuevamente el impulso de la reunión familiar y se volvió a desatar una segunda ola de contagios, que se elevó en número, pero apenas levantó levemente en fallecimientos, y lo mismo ocurrió con la tercera ola después de la Semana Santa, cuando la gente se animó a visitar a la familia en el terruño, o fueron a la playa de vacaciones. En estos momentos se habla de una cuarta ola. Es el retorno del ciclo estacional por el Día de la Madre, más la confianza que trajeron los primeros avances tímidos de la vacunación. Los contagios se están aproximando a lo vivido el año pasado, pero moderado en casos mortales. Muchos guatemaltecos han salido del país buscando la protección, mientras acá se aguarda con paciencia el turno por edad, sabiendo que el proceso solo funciona si se vacunan todos, pero el orden garantizaba resolver primero la necesidad de los más vulnerables. 

Yo relaté semanas atrás en este espacio la alegría que significó acudir a recibir el primer pinchazo de la vacuna Sputnik V, que hasta me animó por el exotismo de su origen y porque de una vez recibí mi cita para la segunda dosis, con fecha programada, la cual he estado esperando ansioso, pero resultó que después de todo no va a ser posible, que hay que esperar 90 días, y el desánimo me alcanzó.  No hay peor cosa para borrar una buena experiencia que el incumplimiento. En balde la ilusión. Y como me dicen los amigos, estamos medio asegurados cuando solo funciona si la aplicación es masiva, por lo que no queda otra sino aferrarnos a la posibilidad de salvación que brinda el Kit Médico que nos salvó del caos el año pasado.   

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