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Opiniones de hoy

Pérdida de gobernabilidad

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La institucionalización puede conducirnos a dos finales, la multiplicación del valor o el fracaso total. No es una vía fácil de recorrer.

Ahora preparamos otra sesión para nuestro Máster en Ownership and Value Creation, que impartimos en alianza con Euncet Business School de la Universidad Politécnica de Cataluña. Esta vez vamos a hablar del tema de Gobernabilidad en la empresa familiar.

Al mismo tiempo que vamos revisando el tema con mis colegas, pienso en este empresario que nos ha pedido ayuda. Su familia decidió desheredarlo del grupo industrial por su comportamiento rebelde. Él se fue a vivir fuera por muchos años y ahora regresa a tomar las riendas de unos negocios que le dejaron.

En poco tiempo se da cuenta que le han dejado una empresa llenas de problemas: directivos deshonestos que se han enriquecido a costa de la compañía, falta de control interno, desconfianza y confusión en la organización, maltrato a colaboradores fieles y una larga fila de etcéteras.

Él descubre con preocupación que no tiene facultad de despedir a los directivos que le han robado, que no puede contratar a asesores que le ayuden, que no puede hacer inversiones o desinversiones importantes, que no puede siquiera contratar a los abogados que él elija. ¿Quién gobierna esta empresa? Temblando me contesta: nadie.

¿Cuáles son los signos de la falta de gobernabilidad?

Lentitud de decisiones. No parece haber ningún afán por crear nuevos negocios o por fortalecer los existentes. Como si la burocracia se hubiese comido el espíritu emprendedor y todo quedase quieto y sin movimiento.

Falta de control de los recursos. Cuando deja de haber interés, el descuido se hace notorio. En situaciones así se cumple el dicho: “En arca abierta, hasta el más justo peca”. Es difícil solamente culpar a los ejecutivos deshonestos cuando se ha dado rienda suelta al manejo de los recursos. Muchos empleados se dejarán llevar por el mal ejemplo de sus jefes y se volverán cómplices o beneficiarios de los malos manejos.

Prevalecen los intereses personales. Al no haber una querencia fuerte de parte de los dueños, la empresa pierde su alma, y el compromiso se debilita a tal grado que lo propio de cada uno se vuelve el motor de acciones que no abonan hacia el crecimiento y la mejora continua. No es difícil en estas circunstancias observar comportamientos desalineados y falta de cohesión. Los más leales se asustan y callan. Los más comprometidos se van a buscar su desarrollo en otros horizontes.

Desánimo en la organización. Con todas estas conductas, los equipos humanos van perdiendo motivación y disposición a esforzarse. En ninguna causa se encontrarán voluntarios y los proyectos se convierten en sueños irrealizables. Para entonces la empresa se sumerge en un marasmo paralizante y todo parece estancarse en el vacío.

¿Por qué puede perderse la gobernabilidad?

Discrepancias profundas. En ocasiones la capacidad de avanzar se origina en conflictos entre accionistas. Hemos repetido muchas veces que las familias empresarias transgeneracionales no son las que no tienen controversias; son más bien las que saben afrontarlas y manejarlas bien. Pero cuando los familiares persisten en posiciones encontradas, pueden incapacitar a la organización para actuar con diligencia ante los retos que va enfrentando.

Lucha por el poder. Las rivalidades entre socios frecuentemente crean dinámicas que anulan la capacidad de buscar y encontrar nuevos caminos de generación de valor. La energía que estos pleitos consumen puede desgastar a tal grado el empuje de los líderes que estos lleguen a trabajar más por mantener y mejorar sus posiciones que por desarrollar soluciones potentes.

Ausencia de Dueñez. En algunas familias el aburguesamiento o las distracciones en otras actividades hacen que sus miembros dejen de ocuparse por la gestión del valor. En vez de crear riqueza se dedican a utilizarla para ellos mismos o para otros fines. Nadie asume con plena accountability el rol de dueño y las oportunidades pasan enfrente de ellos sin que ninguno se esfuerce por aprovecharlas.

Ojalá podamos ayudar a este empresario a recuperar la Dueñez perdida.

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