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Opiniones de hoy

¿Por qué huimos de este paraíso?

opinion

Incomprensible en bonanza y democracia.

Este es un país de bondades: oportunidades de emprendimiento, libre empresa, crédito fácil, libertad de culto, de viaje, uno escoge su empleo, gobierno democrático, libremente electo. Diputados honorables. Salario mínimo, no hay máximo. Si uno es chispudo, como el presidente Giammattei y gerentes de monopólicas corporaciones, puede ganar un millón o más de quetzalitos al año. Variedad de bebidas embriagantes, al alcance del bolsillo, drogas naturales y sintéticas en abundancia. Ministros parranderos. Envidiable. Un país para no quejarse.

La inversión fluye al campo y la ciudad. Contrata seguridad (genera empleo, dicen). Acapara tierra y agua para hacerla productiva. Igual que en la Colonia: con fuete, jueces y Policía. Organiza campañas de reforestación. Para el Día del Niño, helados y piñatas. Concursos y rifas para la madre abnegada. Viajes gratis al puerto. Más felicidad no es posible. Es tal la algarabía que los niños pequeños no van a la escuela, ni se les molesta con eso de ponerles vacunas. Se les insta a ir a trabajar desde pequeños. A ser chispudos. De jóvenes pueden organizarse en clubes de recreación: maras les llaman –ocurrentes los muchachos–. Organizan excursiones para jugar que matan policías, extorsionan empresas o descuartizan a los cuates. Alegrísimo. Los niños del campo, cuando son grandes, tienen enormes habilidades en el uso de azadón y machete. Se les forja un futuro promisorio casi desde que nacen. Envidia les da a los nórdicos. Pero nadie sabe por qué, quizá por amargados, o por deporte. Somos malagradecidos, pagamos mal y en vez de estar tranquilos y contentos en esta patria pródiga, lo que hacemos es inventariar nuestra gran cantidad enseres, residencias, automóviles, lanchas de verano, venderlos a precio de quemazón, y con nuestra tarjeta de crédito, comprar boleto aéreo e irnos hacia tierras ajenas. Abandonando este paraíso terrenal. Incomprensible, realmente, incomprensible. 

Fin del sarcasmo. Fin de la Guatemala fantasiosa que vocifera la elite oligárquica. La terrible realidad: ocho millones de pobres, tres millones de personas que comen un tiempo, 500 mil familias campesinas sin tierra, ni trabajo decente, 95 por ciento de nuestros ríos contaminados, 35 ríos tomados por fundos de agroexportación, 82 por ciento de los trabajadores agrícolas sin seguridad social, cuatro millones de niños y jóvenes sin escuela. Jueces venales, otros con título falso. Diputados vendeplazas. La justicia les viene guango. Un Presidente fuera de lugar, ministros ineptos. Muerte, violencia, corrupción pública y privada, represión política. Desempleo. Democracia de fachada, corruptela. De este infierno huye la gente de Guatemala. Feliz viaje. Ah… y bienvenida distinguida.  

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