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Opiniones de hoy

Deriva extremista

opinion

Se izan banderas de ira, anarquía y rebelión.

He venido observando, con preocupación, que la deriva extremista se ha venido apoderando de varias naciones latinoamericanas, aprovechándose de las crisis políticas latentes o sobrevenidas, con la clara pretensión de socavar la democracia institucional y alentar el advenimiento de regímenes despóticos.

Por doquier se izan banderas de ira, anarquía y rebelión, se manipulan legítimas protestas y reclamos, así como se acicatea la intolerancia, el descontento, el desencuentro y la confrontación. Se descalifica y se aniquila al adversario difundiendo medias verdades y medias mentiras, que soliviantan los ánimos y las emociones, a través de medios de comunicación y redes sociales.

La polarización, que propicia el enfrentamiento ideológico o político, se está agudizando en México, en los países del CA-4, Colombia, Venezuela, Perú, Brasil, Chile, Argentina, Bolivia, Cuba y Paraguay, entre otros. Hoy día, solo Uruguay, Ecuador, Panamá, Belice y Costa Rica están alejados de los movimientos telúricos originados por la lucha por el poder.

La idea detrás de la polarización es vencer y anular al enemigo político a cualquier costo o sacrificio, como si se tratase de una guerra a muerte. El adversario deja de ser un contrincante o rival con quien hay que competir y debatir en buena lid, como lo demanda el respeto y la tolerancia, para convertirle en un demonio a quien hay que destruir. En un choque mortal de este tipo se niega espacio a la no violencia, al pluralismo y a los grises, ya que todo se reduce al blanco-negro. Se impone la lógica del amigo-enemigo, del ideólogo nazi Carl Schmidt.

Los extremismos, con vocación autoritaria o totalitaria, han sido nefastos a lo largo de la historia, porque han alentado la dominación y no el autogobierno. Los extremistas rechazan la negociación y el acuerdo, así como la libertad de conciencia y de expresión; su objetivo es silenciar, avasallar, imponer y esclavizar. Ya en el poder, no toleran la disidencia, la diversidad y la contradicción. Quien no se somete a sus designios es perseguido, encarcelado, despojado, desterrado o aniquilado.

Los extremistas no ceden ni conceden, sino más bien seducen, descalifican y arrebatan. Hacen acopio de la propaganda del odio y la demagogia, con la finalidad de bombardear y penetrar las mentes de las masas, explotando su emocionalidad, ignorancia, inconsciencia, indiferencia y necesidades. Por otro lado, los extremistas son inescrupulosos, incendiarios y crueles; no escatiman esfuerzos ni recursos para fortalecerse al máximo en coyunturas de desorientación ciudadana. Por supuesto, cuando acceden al poder, la aplicación de la Constitución y la ley es sustituida por la férula de camarillas opresivas, que se valen del abuso de poder, del clientelismo, del fraude electoral, de la represión, así como de la violación sistemática de los derechos civiles.

Lógicamente, las posiciones moderadas o intermedias, que, generalmente, son propositivas y constructivas, así como tendentes a buscar el consenso y la armonía en la diferencia, son atacadas y desacreditadas por los extremistas, porque no les interesa que se diriman los conflictos en la vía pacífica, conscientes de que la conciliación de intereses desmonta la confrontación, la división y la ruptura, que son el alimento del enfrentamiento.

Lo más grave es que, aunque la historia registra las desgracias que han dejado tras de sí los regímenes despóticos, pareciera que muchos jóvenes incautos, ignorantes de las tragedias vividas por sus ancestros, están cayendo en las garras de fanáticos y mercenarios; y, de manera inaudita, a través del voto inconsciente, podrían desbarrancar los sistemas democráticos liberales.

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