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Opiniones de hoy

Los aprieta-tuercas

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Follarismos.

Que me perdone el gremio médico en el cual hay de todo, como en todas las profesiones: buenos, malos, eficientes, ineficientes, tramposos, honestos, cumplidos e incumplidos. Pero es evidente que un gran número de médicos en nuestro país –o al menos en la capital– se han adaptado perfectamente a las normas del sistema económico-social vigente, practicando una ciencia aplicada que tiene más de mecánica de automóviles que de ciencia, desenvolviéndose entonces como comerciantes y aprieta-tuercas de la salud. Esta deshumanización brutal de la que –en principio– era una noble profesión, obedece sobre todo a tres causas interdependientes: las dos primeras son propias o internas, y consisten en la ausencia de formación ética durante la carrera, así como en la especialización excesiva. Y la tercera, externa, consistente en la mercantilización a ultranza.

La carencia de una buena formación médica centrada en la ética además de en la técnica (lo que implicaría una reflexión profunda de los valores y derechos de la persona humana, así como un conocimiento de la realidad social en la que se vive), sumado a la tendencia a reemplazar por razones mercantiles, más que vocacionales, la medicina general y preventiva en beneficio de la medicina especializada, hace que el médico especializado vea solamente la parte y no el conjunto de la persona que sufre, y que se guíe más en la observación de resultados y correlaciones matemáticas de laboratorio que en el análisis de la observación clínica del paciente.

Pero el cáncer mayor de la profesión es la extrema mercantilización de su oficio y la consideración de la intervención médica no ya como un arte y un servicio social, sino como un servicio técnico-mercantil industrializado, dentro del cual la atención corporativa se ha vuelto una rutinaria fuente de riqueza, de estatus y de poder. Los exámenes de laboratorio representan en muchos casos una ganancia suplementaria, y cada vez más, los médicos se convierten –sin querer o queriendo– en meros distribuidores y publicistas de los grandes laboratorios farmacéuticos, que son quienes, en el fondo, tienen la salud de la humanidad en sus manos.

Para mí, es humillante ver cómo muchos médicos tratan a los enfermos, tanto en las clínicas privadas como en los hospitales públicos. ¿Formación psicológica? Ninguna. ¿Atención al paciente? Nula. Incluso hay galenos que ni miran ni tocan a la persona, porque solo cuenta para ellos los resultados de laboratorio. Y uno sale de allí con el sentimiento de haber sido estafado de alguna manera, de que te huevearon algo más que el dinero. Y con la extraña y contradictoria sensación de que, contra menos visites a los aprieta-tuercas, mejor te irá. 

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