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Opiniones de hoy

Aquiescencia

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La pasividad cómplice.

El país en plena deriva. Básicamente, ya no tenemos una República. Los tres poderes del Estado parecen cada día más, uno solo.

Los constituyentes del 85, “invocando el nombre de Dios”, incluyeron, entre otros anhelos, el rol del Estado como responsable de la promoción del bien común, y la consolidación del régimen de legalidad, seguridad, justicia, igualdad, libertad y paz.

Sin embargo, me parece que desde que “volvimos a la era democrática”, nunca antes había sentido tan traicionada esta aspiración como en el último lustro. El Estado, como sinónimo de Gobierno, está mucho más cerca de hacer exactamente lo contrario: implantar un régimen de ilegalidad, inseguridad, injusticia, e ilegitimidad.

Me puse a buscar algo en las Meditaciones de Marco Aurelio que pudiera ser relevante ante semejantes circunstancias, pues hay que ser verdaderamente “estoico” para aguantar estos momentos, y encontré esta:

“Si en la vida de un hombre encuentras algo mejor que la justicia, la verdad, la prudencia o la valentía; es decir: algo que sea superior a la virtud de un alma autosuficiente, que obra de acuerdo con la razón; si encuentras algo mejor –digo–, dedícate a ello con toda tu alma y disfruta del mejor de los hallazgos. 

Pero si no aparece a tus ojos nada que sea mejor que el genio que habita en tu interior, que es quien ordena tus propios deseos, que examina las ideas y que, como decía Sócrates, huye de las sensaciones; que se somete a la voluntad de los dioses y siente gran amor por los hombres; si comparado con este genio todo lo demás te parece pequeño y rastrero, aléjate; pues, en caso contrario, una vez que seas arrastrado y seducido, no podrás entregarte a ese bien que te pertenece en lo más íntimo.

Porque no te será lícito permutar ese bien razonable y cívico por ningún otro espurio, como por ejemplo los elogios que brinda la muchedumbre, los cargos públicos, la riqueza o el disfrute de placeres. Y es que todas estas cosas, aunque de momento parezca que están de acuerdo con nuestra naturaleza, de pronto nos tiranizan y nos desvían. De modo que –te aconsejo– elige sencilla y libremente lo mejor y persevera en ello”…

Esta reflexión me hizo recordar que el Estado en su sentido más integral, realmente no solo es el Gobierno, sino somos todos: gobernantes y gobernados.
En esta época de tinieblas, donde, al parecer hay más hostes populi (enemigos del pueblo) que amicus populi, no nos queda otra opción que seguir exigiendo el respeto del Estado constitucional de derecho, buscando mujeres y hombres que profesen la justicia, la verdad, la prudencia y la valentía. Que están dispuestos a responder ante la máxima exigencia de no sucumbir ante los intereses espurios que ya nos tiranizan y nos desvían cada día más de aquel anhelo constitucional.

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