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Opiniones de hoy

Olor a incienso y naftalina

opinion

Follarismos.

Entre las impresiones poco agradables que guardo de mi infancia está esa mezcla de olor a naftalina, sudor e incienso que despedían los confesionarios de madera de caoba que había en las iglesias de mi infancia, a donde los curas del colegio, con sus negras sotanas y un insoportable y rasposo acento ibérico, nos conducían para que expiáramos nuestros terribles pecadillos de concupiscencia. Para mí, ese olor quedó impregnado en mi corazón como el símbolo de las emanaciones flatulentas de don Francisco Franco, el caudillo que ensangrentó España y que hoy, desde su lóbrega tumba, estará gozando de erecciones inesperadas al enterarse, por la algarabía que reina en las calles, de la victoria política que la derecha española han cosechado esta semana en Madrid, para sorpresa y decepción de aquellos que no comulgamos con los tambores y trompetas del eslogan “¡Dios, Patria y Familia!”, o dicho en otros términos “Sacrificio, Raza y Sangre”.

La derecha, en el mundo, suele ser bastante miope; pero en esta oportunidad, la derecha española ha irrumpido de nuevo en la escena planetaria actuando prácticamente al mismo nivel que la derecha guatemalteca, que ha sido siempre su hijastra y su epígono. Sobre todo, desde que tanto allá como aquí, han logrado que se elimine del currículum escolar las materias de Filosofía y de Ética, así como las de Educación para la Ciudadanía, que servían para que los ciudadanos aprendieran a pensar y a cultivar la cultura y la memoria histórica, actividades que el poder troglodítico aborrece, pues para dominar sin resistencias se necesita abolir la cultura humanística y sustituirla por la cultura del esfuerzo, la cultura empresarial y la cultura del consumo, centradas ellas en el cultivo de la productividad, del individualismo y de la competencia. Casi podría decirse que la derecha recalcitrante ha hecho suya aquella frase nazi tan famosa: “Cuando escucho la palabra ‘cultura’ (aunque en boca del autor se refería probablemente a la cultura judía), desenvaino mi revólver”.

Así es. La ignorancia, que es la madre del fascismo (la arrogancia sería el padre), siempre saca la pistola ante la inteligencia y la cultura, aquí y acullá. Tan solo basta con leer los calificativos, insultos y adverbios cargados de odio sideral que destilan casi todos los medios informativos y las redes sociales reaccionarias contra lo que en España la derecha llama la “ultraizquierda” y los “radicales”, en particular contra el líder del partido Podemos, Pablo Iglesias y su compañera, Irene Montero, para creerse uno en Guatemala, en medio de la crema y nata de aquellos que aquí suspiran de nostalgia por el general Ubico y por Ríos Montt, que también apestan a incienso y a naftalina.

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