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Opiniones de hoy

Postrero adiós a la tía “Olguita”

opinion

A mí, me asesoró varias veces y me decía chula: “Cuando le quieren comprar, venda; después uno quiere vender y nadie le quiere comprar”.

La conocí en el hospital Mariano López Herrarte.  Todavía éramos novios con ‘Quique’ y me dijo:  “Vamos a ver a mi tía, está muy mala”, y nos dijo:  “Estoy muy triste, solo pensar que tengo que regresar a mi apartamento yo solita”; entonces le contesté:  “Si quiere la acompaño, porque yo también estoy solita, en mi casa no hay nadie”…

Me fui 2 meses a acompañarla, en su hermoso apartamento de la Reforma, siempre tuvo un gusto impecable. Allí inició nuestra gran amistad, siempre estaría invitada a las deliciosas refacciones de su cumpleaños y al almuerzo de Navidad, para intercambiar regalos, todas las viandas hechas por ella, exquisitas…

Como a las 7 p. m. me entraba claustrofobia, no le gustaba abrir las ventanas del apartamento…. Me bajaba a caminar a la Reforma y a tomar aire…

‘Olguita’ fue una mujer admirable, la mayor de cuatro hermanas…. Su padre don Jorge Luis Arriola, famoso historiador, era Embajador de Guatemala en París… Fue ‘Olguita’ la encargada de hacer los ‘petits-fours’ de la Embajada, para las exquisitas cenas que se servían en esa mesa.  Suerte la de sus padres de contar con ‘Olguita’, para preparar esas exquisiteces que se servían en la elegante mesa de la Embajada guatemalteca, estuvimos dignamente representados.

Me contaba con dolor, que su padre, no la dejaba opinar en las cuestiones intelectuales, ironías de la vida, luego,  siempre le pediría consejos don Jorge Luis a ella, para cualquier negocio que quisiera hacer, tenía un olfato extraordinario para los negocios, ganzo de oro.  Se reconciliaron del trago amargo que pasó ‘Olguita’ en París. 

A mí, me asesoró varias veces y me decía chula: “Cuando le quieren comprar, venda; después uno quiere vender y nadie le quiere comprar”, en cuestiones de negocios, le aprendí mucho a ella y me fue muy bien.  

Conoció a ‘Arturito’ Taracena y se casaron.  De París a San Juan, a la finca Santa Teresa en San Marcos, de don Escolástico Ortega y la ‘Minita’ Taracena.  Gran contraste aquel, venir de Europa a la selva tropical de San Marcos.

La casa no tenía luz eléctrica, pero era bonita, de 4 corredores, un gran jardín y mucha agua…   No tardaría ‘Olguita’ con su buen gusto, en ponerla preciosa.  Allí concibieron a su primer hijo ‘Cocotuto’ o el ‘Mico’ Taracena, talentoso historiador.  Valga todo por el amor que se profesaban ella y ‘Arturito’.

‘Olguita’ enviudaría muy joven y en lugar de lamentarse, se puso a trabajar, abrió una hermosa tienda de regalos europeos, en el acto, se puso de moda y fue todo un éxito.  Luego vendió su casa de la zona 1 y compró su hermoso apartamento en la Reforma, siempre vanguardista, casi nadie vivía en apartamentos en la Guatemala de aquella época.

Conoció a Rudy Geng, húngaro-alemán y americano, un gran hombre, refinado, culto, talentoso y gran conversador  y se casaron, tuvieron 40 años de matrimonio.

‘Olguita’ le hizo honor a ‘Una habitación propia’ de Virginia Wolf, novela inglesa de 1920, donde la escritora afirma que no hay mujer liberada, si no se vale por sus propios medios, sin depender económicamente de ningún hombre y viaja y hace a su antojo, con todos sus haberes.

‘Maty’, mi tía, decía: “La Olga Arriola es la única mujer liberada de Guatemala, se muda de ciudad, se lleva sus ‘antiques’, se casa y se descasa y le importa muy poco la opinión de la pequeña burguesía cachureca guatemalteca que la sigue recibiendo con bombos y platillos, las Asensio, las Herrera, las Arzú, la ‘crème’ de la ‘crème’

Dedicó su vida al arte, como ceramista en Faenza hizo bellezas, para mis cumpleaños y navidades siempre me regalaba estas lindísimas ensaladeras y soperas de gran volumen y procedentes de sus finas manos.

Aún conservo un tapete hindú que me regaló, precioso y Petronila lo rebordó en canutillo de vidrio japonés, es una obra de arte. A Jimena, mi hija, le prestó la mantilla española antigua con la que se casó y a Jimena se le veía soñada, con la tiara de plata colonial que nos regaló don Arturo Taracena Flores, abuelo de ‘Quique’, el día que nos comprometimos con ‘Quique’.

Ya mayor, readecuó su taller en otro apartamento que tenía para sus visitas, allí pintaba un óleo a la semana, producción numerosa y linda. Fue una gran bordadora, su famosa colección  de güipilitos daría la vuelta al mundo y hoy se exhibe en el Museo Popol Vuh.  Pero cada güipilito fue estudiado, viajó al pueblo originario, conoció el textil y a sus bordadoras.

Tasso Hadjidoudou decía: “Estos Taracena Arriola son serios investigadores, refiriéndose a Jorge Arturo, a Pedro -otro historiador de gran valía- y a la ‘Olguita’.  Son científicos en el tema que deciden abordar…”.  A sus avanzados años aprendió a manejar la computadora y el libro sobre los güipiles de Guatemala, lo escribió ella en su escritorio y lo preparó para ser editado.

Fue una hormiguita de trabajo, siempre en la búsqueda de la excelencia, el ‘arrêté’ de los griegos… Sabía mucho de muebles antiguos, de cuadros, de imaginería colonial y de joyas.  Yo tenía un prendedor de una araña en oro rojo de 24 quilates, con un zafiro y un topacio, firmada por joyero belga que me regaló mi abuelita María Padilla de Padilla.  Le comenté: “Creo que lo voy a fundir, para hacerme algo más moderno”.  Me dijo bravita: “No sea ignorante chula, es pieza de museo, si va a hacer esa atrocidad, mejor véndamela”… Más tarde me lo robarían…

Descanse en paz esta gran mujer, que le dio sustento, cobijo y apoyo moral, a tantos de los suyos.  Si no que lo diga ‘Arturito’ Maldonado que trabajó en Faenza con ‘Olguita’ e hicieron tanto arte juntos….

Agradezco a Dios, la oportunidad que me dio de quererla, de ser su amiga y de compartir tanta vivencia.

La ‘Julita’ pasó por ella y se fueron juntas.  Estoy segura que hizo entrada triunfal al Paraíso, con una arpista tocándole ‘Las cuatro estaciones’ de Vivaldi.

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