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Opiniones de hoy

Los años locos

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La gente saldrá del encierro y querrá compensar el tiempo perdido.

Para imaginar lo que vendrá en los próximos años basta hacer un repaso de lo que sucedió en el mundo hace cien años, una vez que pasó el efecto de la “fiebre española” aparecida en las trincheras europeas después de la Gran Guerra, donde se peleó cuerpo a cuerpo, y cuando los poderes del mundo separaron Occidente y Oriente, porque en la misma medida el ciclo pareciera estarse repitiendo. Aún estamos superando los efectos de una guerra interna prolongada, la pandemia nos tiene enmascarillados y separados de los demás, y se revivió la tensión bélica de siglos atrás entre moros y cristianos. Hace cien años surgieron los “años locos”, los veinte, porque la gente necesitaba sentirse viva, bailar, festejar, gozar después de tanta limitación y sacrificio humano. Entre 1923 hasta la Gran Depresión, se vivió una vida nocturna intensa. La gente necesitaba abrazarse, festejar, salir a la calle, sentirse vivos, la bohemia se puso de moda, y tanto en América como en Europa, la vida era una fiesta. Ritmos como el  jazz o el tango invadieron la sensibilidad, hubo faldas cortas, libertades, cambió la arquitectura, las vanguardias alimentaron el arte que dio un vuelco impresionante. En los años veinte se le dio cara vuelta al mundo, y estamos a punto de que ocurra nuevamente.

Estamos acumulando el deseo de la mundanidad, porque salvo unos cuantos que hoy en día se arriesgan con amistades cercanas, la mayoría es precavida, y solo se exponen al contagio en el trabajo o la comida, porque eso es inevitable, pero la vida social ya no se practica igual. Hay antros donde los jóvenes son encerrados a las horas prohibidas, sin hacer ruido, con la música baja o sin ella, y quedan prisioneros si hay en las cercanías autoridades, dando tiempo para ir saliendo poco a poco. No es lo mismo distraerse si se transgrede la regla, y hay muchos más que han perdido el contacto humano y se conforman con la virtualidad.

Las vacunas tarde o temprano harán su efecto, el contagio ya no espantará, y la gente saldrá del encierro y querrá compensar el tiempo perdido. Hoy en día los negocios de fiesta se han tenido que reprimir o reinventar, pero ya se empieza a ver turistas caminando por las calles de la Antigua, jóvenes mochileros, saludables y bien alimentados, paseando sin mascarilla por las calles. La vacunación en los países desarrollados se está facilitando a todas las edades, y quienes vivían reprimidos a la fuerza se van a soltar. Estamos por presenciar grandes cambios, y Guatemala podría ser un destino apetecible para los buscadores de asombro y cultura, una gran oportunidad para el turismo, porque tenemos mucho que ofrecer al mundo, señas de identidad y ventajas modernas en una urbe cosmopolita. Los nuevos años locos podrían ser el impulso del futuro.

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