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Opiniones de hoy

Una nueva narrativa para la nutrición

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Las direcciones de nuestras miradas inciden en la desnutrición crónica.

De bebés, miramos hacia arriba mientras nos alimentamos de la leche del pecho de nuestra madre. Vemos hacia sus ojos, a nuestros alrededores, y otras veces cerramos los ojos quedándonos dormidos en plena paz y armonía. Mientras vamos creciendo, ya nos vamos sentando en sillas altas donde las mamás y papás nos dan de comer en la boca con una cuchara o tenedor en un plano más horizontal. Asimismo, ya comenzamos a ver hacia abajo lo que hay en la mesa. Tocamos las texturas de los alimentos mientras que la motricidad se está explorando (dejando un gran alboroto de colores y olores en nuestra área de comida).

 Sin embargo, mientras más se llega a la edad adulta (algunos adolescentes y adultos) más se ensimisma uno, ni siquiera estableciendo contacto visual con los demás comensales, más que con su aparato móvil o con su fruncido. En otras ocasiones (y esperamos que esta sea la mayor parte), miras momentáneamente hacia abajo, hacia tu plato. Llevas tu tenedor con alimentos hacia la boca y levantas la vista para contemplar el gusto de comer. Horizontalmente, observas el derecho a la alimentación, tuyo y de las demás personas, compartes momentos que fomentan nuestro lazo cultural, y reflejas salud con la opción nutritiva y balanceada de tu plato. A veces volteas la mirada para no ver el otro lado del plato, de donde vino, hacia donde va lo que no terminaste, y las repercusiones de tu consumo.

 Aquí hay dos temas. La conexión que uno genera entre cada persona en el momento de comer, y otra la desconexión de la problemática nacional acerca de los alimentos y las personas involucradas en ella.

 Guatemala no solo se clasifica como el último país de América Latina en cerrar las brechas de género sino además es el que tiene el indicador más alto en desnutrición crónica. Estos datos no son nuevos –es más, hasta parecen ser ya parte del patrimonio nacional. Pero ¿realmente sabes qué significa y cómo tú te ves reflejado en ellos?

 Para que realmente te sientas parte, piensa en ámbitos de malnutrición. Esta se ve reflejada en Guatemala de triple forma: las dos desnutriciones (crónica y aguda), el sobrepeso y la obesidad, y las enfermedades no transmisibles (empeoradas por nuestra dieta, como cáncer, diabetes, anemia, problemas cardiovasculares, entre otras).

 Para alcanzar una paridad, equidad e igualdad a partir de lo que comemos –desde nuestros platos hasta políticas públicas, se deben desarrollar una mentalidad sistémica y diálogos que fomenten estas transformaciones desde uno, en sus ámbitos personales y profesionales.

 El error común de los tomadores de decisión ha sido obviar un intercambio veraz con las comunidades afectadas. Hay una parálisis en discusiones abiertas y horizontales que las escuchen. La falta de consulta a diversos actores y corrupción han mantenido el círculo perverso de la desnutrición crónica de cada uno de dos niños menores de cinco años (¡son vidas humanas!). Si bien hay varios programas que se enfocan en su reducción, técnicos, mesas, evaluaciones y recomendaciones entre aquellos que fueron exitosos y otros que no, ¿cuál ha sido el ejemplar? ¿Qué podemos aprender para implementar una metodología que sí funcione y trascienda?

Partimos de involucrar a todas y todos para mover los indicadores y cambiar la narrativa de nuestro patrimonio guatemalteco. Escuchar a guatemaltecas y guatemaltecos, trabajar en conjunto y ser valorados. Es estar anuente a momentos incómodos y veraces. Allí es donde viene ese cambio sistémico que va más allá de los programas aislados y cortoplacistas que vienen “desde arriba con una mirada hacia abajo”. Por ello, es interiorizar el mensaje y aplicarlo uno mismo como adultos responsables, y tener esa educación nutricional y transparente con cada persona, madres, padres, adolescentes, niñas, niños para ser aplicado adecuadamente para su desarrollo físico y cognitivo. Y aún más, en esa importante y especial ventana de los primeros mil días de cada bebé que nace en Guatemala.

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