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Opiniones de hoy

El machismo que sí es machismo

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Lo que yo creo que Amílcar no termina de entender es que no es que hoy en día todo sea acoso, sino que siempre lo ha sido.

A finales del mes pasado, se publicó en este medio una columna de opinión que quisiera nunca haber leído. Con un título llamado ‘El racismo que no es racismo’ y al leer la frase: “(…) de repente, a los que le dicen chula a una mujer bonita, los acusan de racistas y, se les viene el mundo encima”, sabía por dónde iba la cosa. Como fiel creyente en la democracia y libertad de expresión y tomando como base la famosa frase (erróneamente atribuida a Voltaire) de Evelyn Beatrice Hall de “estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho de decirlo”, me permito responder a la columna del señor Amílcar Álvarez.

Siguiendo la frase citada arriba, el autor escribe: “No vaya a ser el diablo que se atraviese una india chula, porque si le dice rechula por estar rebuena, corre el riesgo que lo claven y de propina, lo acusen de acoso sexual, metiéndolo al bote”. El problema no es estar rechula o rebuena, que son piropos de mal gusto, sino el conocer que hay diferencias entre insistencia y acoso. El problema es entender por qué los hombres se sienten en la posición de decirle rechula o rebuena a una mujer como si de un derecho se tratase. Entender el por qué hay un límite que incomoda y la base moral mínima es respetarlo. 

Ahora bien, dejando de lado el término “india” que parece tanto gustarle al autor y que asegura no conlleva connotaciones racistas el utilizarlo, en su columna también escribe que “los hombres ahora mueren de tristeza y ansiedad al no poder decirle a María: chula de mis amores, te traigo estas flores porque no encontré mejores. Por el miedo a ser acusados de racistas y machistas, por lo que era una simple metida de mano consentida sin tanta bulla, y hoy es racismo y acoso sexual puro”. En esta historia un tanto cantinflesca, entra a la premisa que ‘ahora todo es acoso’ y ya no se puede hacer ni decir nada porque las mujeres se ofenden y recurren a su instrumento legal preferido de todo negacionista de la violencia de género: la Ley contra el Femicidio y Otras Formas de Violencia contra la Mujer. 

Lo que yo creo que Amílcar no termina de entender es que no es que hoy en día todo sea acoso, sino que siempre lo ha sido. La única diferencia es que antes reinaba el silencio y hoy las mujeres decidimos no tolerarlo más. Estamos despertando ante el hecho que no le debemos nada a nadie, menos al hombre que nos dice que estamos rechulas y rebuenas. 

No le debemos nada al hombre que nos invita a bailar en la discoteca y a quien le decimos que no porque “tenemos novio”, ya que entre machos esta la única excusa que aceptan sin rechistar. Nos damos cuenta que no es que los hombres no nos puedan decir nada, ni darnos flores o meternos mano consensuada (no consentida, por cierto); sino que tenemos el derecho de decir que no. 

Así que sí, defiendo tu derecho de decirlo Amílcar, pero este machismo sí es machismo y lo vivimos todos los días. 

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