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Opiniones de hoy

Lissette o la Soledad

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Lissette era una niña de tres años que mi vecina, una señora que tenía un comedor y alquilaba habitaciones para estudiantes, cuidaba a cambio de una raquítica suma mensual que cierta abogada de las que traficaba con adopciones le pagaba para ocuparse de la pequeña, mientras los padres adoptivos designados (una pareja de Estados Unidos) obtenían la autorización del Gobierno guatemalteco para llevársela. Pero el tiempo de resguardo no duró los seis meses estipulados, sino que se prolongó casi dos años, durante los cuales Lissette fue creciendo como crecen la mayoría de niños socialmente marginados en nuestro país, es decir, en una atmósfera de escaso afecto y de poca sociabilidad, orillados a jugar con piedritas y palos, y a conversar con las paredes.

Prácticamente, la única persona que le hablaba cada día –lo que se dice hablar, es decir, tomarse unos diez minutos para acuclillarse a su lado e indagar cómo estaba, qué había soñado, a qué estaba jugando o qué le gustaría hacer, etcétera) era yo, porque el resto del mundo estaba frenéticamente ocupado en la supervivencia y no tenía ni tiempo ni ganas para conversar con niños. Hasta que, gracias a dios –como decimos en Guatemala–, los padres adoptivos lograron por fin llevársela a Estados Unidos y Lissette desapareció para siempre de nuestras vidas.

El recuerdo de dicha experiencia se agitó con dolor en mi memoria cuando esta semana me encontré con un amigo que trabaja en distintas instituciones estatales dedicadas supuestamente al cuidado de niños y adolescentes en situación de precariedad. Me explicó que, en términos generales, la situación de los menores de edad, tanto de los nacionales como de los migrantes que esperan ser devueltos a sus países de origen, llora sangre, visto que la incompetencia profesional, la irresponsabilidad y el cinismo de las burocracias estatales son características que se han vuelto, de hecho, indestructibles. Y recordamos así, entre otros casos, la tragedia de las 41 niñas quemadas en el llamado “Hogar Seguro” en San José Pinula, el 8 de marzo de 2017. 

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