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Opiniones de hoy

Reparar el daño…

opinion

De la política migratoria de Trump.

 

Tras el reciente triunfo demócrata en la Casa Blanca y el Capitolio, se abrió un escenario promisorio, aunque no libre de obstáculos, para emprender una reforma migratoria de gran alcance en Estados Unidos. 

Durante su campaña, el presidente Joe Biden se refirió enfáticamente a la necesidad de adoptar disposiciones rápidas para reparar el daño que el expresidente Donald Trump había ocasionado a decenas de miles de migrantes irregulares -en su mayoría, centroamericanos- y volver a los valores tradicionales de acogida de extranjeros, en un país edificado por migrantes. En particular a tratar con dignidad y justicia a los solicitantes de asilo y refugio (hacinados y bajo precarias condiciones en México, o bien deportados a sus países de origen) y la reunificación de las familias de migrantes. Además se comprometió a modernizar el sistema de inmigración de Estados Unidos y a transformar el clima de rechazo y de xenofobia que promovió Trump, no solo en las comunidades de destino de los migrantes, sino entre los agentes migratorios y fuerzas de seguridad, que provocó decenas de víctimas mortales, incluyendo niñas y niños.

Biden dio especial énfasis a abordar las raíces o causas de la migración irregular en los países del norte de Centroamérica, aunque, como iniciativa concreta solo aludió a un programa de cooperación de US$4 mil millones, que deberá ser trabajado con el Capitolio, bajo el espíritu de retoma del acuerdo bipartidario. Cuando Joe Biden se desempeñó como vicepresidente de Barak Obama estuvo a cargo del Plan Alianza para la Prosperidad de los países del Triángulo Norte, que dispuso de un presupuesto de US$2 mil millones, y cuya ejecución fue precaria. 

Este Plan fue integrado a finales de 2014 (después de la crisis humanitaria de la niñez migrante no acompañada en agosto de ese año) por el Banco Interamericano de Desarrollo con los insumos, prioridades y líneas de política pública de los gobiernos centroamericanos, y nunca fue un programa de transformación que removieran las causas de la migración irregular. Ambiciosamente solicitaba un presupuesto de US$20 mil millones para ejecutar en cuatro años, y su propuesta consistía en multiplicar el número de acciones y programas de lo que cada gobierno de la zona ya venía realizando. Una lógica de hacer más de lo mismo, incrementando notablemente los recursos foráneos. Como sea, el Plan no prosperó y cuando Trump asumió en enero de 2017 invirtió los términos de la fórmula: primero “seguridad” y después “desarrollo”. Más adelante lo repudió, decidió cancelar la cooperación bilateral vía USAID y recortar otras agencias, y propuso su propio enfoque: América Crece, un plan basado en el financiamiento del desarrollo proveniente de las corporaciones centroamericanas, con su contrapartida estadounidense, que también cosechó pocos frutos. (Continúa).

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