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Opiniones de hoy

Los grupos antiderechos aliados de la corrupción

opinion

El uso político de la religión es frecuente, sobre todo en países con problemas estructurales como Guatemala.

Durante los últimos años, sobre todo desde 2015, hemos visto cómo se ha intensificado el trabajo de los grupos antiderechos, cuya agenda es clara: la imposición de sus creencias y la cooptación del Estado. Diputados, exdiputados, expresidentes y un sinnúmero de personajes ligados a casos de corrupción, asesinatos y otros delitos se han aliado a grupos religiosos, o han utilizado sus mensajes de “fe cristiana”, para limpiar su imagen y demostrar que están del lado correcto de la historia. Voy a mencionar algunas anécdotas que ejemplifican la utilización de la religión o mensajes conservadores para llegar a su audiencia.

Cuando el expresidente Jimmy Morales, el 31 de agosto del 2018, anunció que no tenía la intención de renovar el mandato de la CICIG, cerró su discurso diciendo que Guatemala es un país conservador y de fe.  Esta última frase no tenía nada que ver con el motivo principal de su mensaje al público, pero le sirvió para desviar la atención y enganchar a la población. 

El exdiputado y excandidato presidencial Estuardo Galdámez, ahora procesado por un caso de corrupción referido a la construcción de un hospital que nunca se realizó, cuando estuvo en campaña (2019), hizo todo lo posible por aparecer públicamente acompañado de diversos líderes religiosos, con quienes compartió oración, para demostrar que era una persona “de fe”.  

En su momento (1982-1983), Efraín Ríos Montt, general condenado por genocidio y delitos de lesa humanidad (2013), tuvo la costumbre de mezclar mensajes presidenciales con discursos dominicales en donde explicaba que “buen cristiano es el que usa la ‘Biblia’ y la metralleta”, mientras sus sus oficiales cometían los más crueles y sanguinarios delitos ocurridos durante el conflicto armado interno.

Y es que los grupos antiderechos tienen algo claro: no importa con quién o quiénes se relacionen, mientras sus aliados los ayuden a impulsar sus creencias religiosas y a recortar los derechos de la población que consideren enemiga, todo camina bien. 

El uso político de la religión es frecuente, sobre todo en países con problemas estructurales como Guatemala. A falta de propuestas de políticas públicas, casos de corrupción y un sinfín de necesidades irresueltas, la instrumentalización de la fe de las personas se vuelve perverso y habitual. 

Lo anterior es más complicado si se toma en cuenta que estos grupos cuentan con múltiples recursos que los fortalecen, los cuales han crecido gigantescamente durante las últimas dos décadas: frecuencias de radios, canales de televisión, fuentes de financiamiento, capacidad de lobby directo con los tomadores de decisión, entre otros. 

La última acción que estos grupos realizaron sirve para confirmar que sus intereses son tanto espurios como contrarios a derechos humanos. Me refiero a la gira a Guatemala que realizó Agustín Laje, un personaje conocido por hacer lobby político a favor de grandes iglesias, ser cercano a personajes fascistas y, sobre todo, por esparcir mentiras y discursos de odio hacia las mujeres y las comunidad LGBTIQ+. 

Durante su estancia, hubo conferencias, pero además, los grupos que lo trajeron al país aprovecharon para obtener convenios de cooperación con el Congreso de la República, en los cuales participaron algunos de los personajes más nefastos e impresentables de la política nacional. En dichas actividades, hasta el Presidente de la República resultó involucrado, a pesar de que públicamente se ha negado a reunirse con la sociedad civil y, cuando lo hace, la termina insultando (como ha sucedido con autoridades indígenas).

Por lo anterior, cuando un político, un extranjero, un líder religioso o alguna de estas organizaciones utilice conceptos como “agenda globalista”, “ideología de género”, “comunismo”, “agenda abortista” o similares, el gran público debe saber bien que le están mintiendo, pues junto a los grupos conservadores seguramente están trabajando actores ligados a la corrupción, narcotráfico y similares. 

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