[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Opiniones de hoy

Ahí viene el cucurucho

opinion

Lado B.

Cuando sonaba la campana (en realidad, el timbre), el Jueves de Dolores a las cuatro en punto de la tarde, todos nos sentíamos liberados (¿del calvario?). La calle por fin era nuestra. Corríamos despavoridos hacia la Catedral de San José (el colegio quedaba a media cuadra), para ver la velación de una virgen y un nazareno pequeños de estatura y los preparativos de la procesión del día siguiente. La de los “chiquitos” y “chiquitas”. La que abría formalmente para nosotros las celebraciones de la Semana Santa.

Siempre he querido recuperar ese sentimiento que nos envolvía los Jueves y los Viernes de Dolores. Y escribo “nos” y no “me”, porque era por naturaleza una emoción compartida y en eso radicaba para mí su fortaleza. Sentirse parte de una experiencia colectiva, dejarse llevar por un sentir (más que por un fervor) llamémosle popular, que te arrastraba. Supongo que es algo que siempre han buscado los organizadores de desfiles patrios sin jamás lograrlo.

No tengo ningún empacho en decirlo, pero la Semana Santa antigüeña fue la primera manifestación en verdad poderosa en la que participé en mi vida, en la primera en la que me sentí incluido, más allá de las determinaciones  personales, sociales, culturales y hasta religiosas. En este sentido, pertenezco a una generación que si bien, como en mi caso, recibió una estricta educación católica doctrinaria (aunque no fundamentalista), cuestionó desde muy temprano muchos de los valores que nos inculcaban. Nuestro paso por los años sesenta nos marcó, para bien o para mal, aun si vivíamos en una ciudad que se protegía con doble aldaba del mundanal ruido y las ideas foráneas, como se decía en aquel entonces.

Pero más allá de nuestros primeros coqueteos (bastante básicos e ingenuos, por supuesto) con el panteísmo, el ateísmo, el libre pensamiento, el materialismo histórico…, la Semana Santa tenía ese poder de involucrarte, de “mezclarte” en el asunto. Curioso, pero si bien se trata de la conmemoración de la pasión y muerte de Cristo, siempre he guardado en la memoria ese aire festivo, esa invitación al placer de los sentidos, ese “detrás de la procesión” que celebraba Manuel José Arce. No sé, tal vez era el esplendor de la primavera, los olores, los colores, la música, nosotros que teníamos 15 años…

Hablo de los años setenta, quizás porque fue la época en que se cimentaron mis preferencias y convicciones culturales, aunque también porque fue una década en que comenzó a derrumbarse esa Antigua en la que yo había crecido. Es decir, antes de que la Semana Santa se convirtiera en espectáculo y atracción turística, en industria sin chimeneas, y la ciudad comenzara a llenarse de cantidades escandalosas de gente.

Le debo a la Semana Santa la vivencia de la mezcla, de ese mestizaje que se convierte en el antídoto perfecto de cualquier tipo de integrismo, incluido el religioso. Ese espacio en el que la matraca y  el pito y el tambor ancestrales se conectan en perfecta armonía con los metales casi wagnerianos de la ‘Marcha Fúnebre’. Algarabía de sabores, colores, sonidos, arte popular, teatro colectivo, historias, encuentros, visiones, vivencias, un espíritu de comunión, quizás efímero, pero oxigenante. Necesario.      

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Cristian Velix/elPeriódico
Cancelan acto protocolario del Día del Ejército debido al COVID-19

El presidente Alejandro Giammattei expresó su agradecimiento a los militares.

noticia José Corado/elPeriódico
Drama en la frontera

Más de 350 núcleos familiares de guatemaltecos han sido deportados y abandonados por el Gobierno de Estados Unidos en Villahermosa, México, y luego llevados por el Gobierno mexicano a la frontera El Ceibo, donde los migrantes viven una pesadilla.

noticia Cristian Velix/elPeriódico
Luis Alfonso Bosch asume como presidente de la Cámara de Industria de Guatemala

El directivo, quien forma parte de Grupo Forestal, ocupará el cargo por los próximos dos años.



Más en esta sección

Mejora en la economía incentiva a más inscripciones en el Registro Mercantil

otras-noticias

Remesas a El Salvador aumentan

otras-noticias

Cemex invertirá US$25 millones

otras-noticias

Publicidad