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Opiniones de hoy

Sabemos lo que no queremos

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¿Pero, sabemos lo que queremos?

Encontré en la breve introducción del libro ‘De la estupidez a la locura’, de Umberto Eco, algo que me impactó y que me dio insumos para esta columna.

El libro encierra una impresionante colección de sus artículos publicados a lo largo de 15 años, seleccionadas por él mismo. De hecho, es una obra póstuma, pues el autor entregó a imprenta dicha selección pocos días antes de morir el 19 de febrero de 2016.

La introducción la tituló “La sociedad líquida”, siguiendo el concepto aportado por Zygmunt Bauman, y en apenas dos páginas y media, plantea unas reflexiones tan pertinentes y estremecedoras, que deja preparada el alma y retado al cerebro para sumergirse en sus ensayos.

Me impresiona cómo alguien en un “breve espacio”, puede desplegar tal capacidad de síntesis. Evidentemente este prolífico semiólogo, ensayista y novelista italiano a sus más de 80 años, tuvo por plenamente desarrollada la habilidad de decir muchísimo con pocas y acertadas palabras.

Estos dos párrafos son los que me impresionaron por su actualidad y pertinencia: ‘Crisis de las ideologías y partidos: alguien ha dicho que estos últimos son ahora taxis a los que se suben un cabecilla o un capo mafioso que controlan votos, seleccionados con descaro según las oportunidades que ofrecen, y esto hace que la actitud hacia los tránsfugas sea incluso de comprensión y no hay de escándalo. No solo los individuos, sino la sociedad misma, viven en un proceso continuo de precarización’.

¿Hay algo que pueda sustituir esta licuación? Todavía no lo sabemos, y este interregno durará bastante tiempo. Bauman observa que (desaparecida la fe en una salvación que provenga de las alturas, del Estado o de la revolución) es típico del interregno el movimiento de indignación. Estos movimientos saben lo que no quieren, pero no saben lo que quieren…”.

Lo del transfuguismo siempre pensé que era algo muy local, pero quizás por ese “licuación” como fenómeno globalizado (¿o globalizador?) presente en la sociedad contemporánea, ahora entiendo que no necesariamente ostentamos categoría de “únicos” en esta vergonzosa práctica apolítica.

Pero, y ¿qué le parece la afirmación que en los movimientos de indignación, los ciudadanos saben lo que no quieren, pero de ahí no pasan realmente, porque no saben lo que sí quieren?

No queremos corrupción; no queremos desnutrición; no queremos migrantes que padezcan los sufrimientos más indecibles; no queremos que se roben el dinero de las vacunas del COVID-19; no queremos un sistema educativo que no solo no educa, sino que discrimina; no queremos cortes cooptadas; y un largo “etc. de no queremos”. Pero… ¿queremos un sistema democrático y representativo que incluya a todos? ¿Queremos una sociedad libre y con igualdad de oportunidades? ¿Queremos organizarnos políticamente con ideologías definidas? ¿Queremos trabajar, después de 200 años, por una verdadera República independiente?

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