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Opiniones de hoy

Amores que matan

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“La mirada triste de un toro enamorado”.

Ante la hecatombe que vivimos, tan repleta de oscuridades, tan tropezándonos con todo, nunca es malo escribir sobre amor y poesía. Amores y desamores. Amantes, embusteros, abnegados pasionales. Amor romántico, carnal, platónico, devoto. Delirio. Sí, dicha turbulencia está zurcida a los volcanes, manglares y manantiales; duerme entre las cicatrices de la Luna cuando está llena y en la mirada triste de un toro enamorado. Camina de puntillas con sus ojos de aguacero (“Porque te miro y muero y peor que muero si no te miro”). El amor transita desde el dolor hasta los más altos arrebatos. Pero no solo hablo de San Antonio, de “esta tarde vi llover”, “… y me bebí tu recuerdo”, o de las artimañas de la Celestina. O de Eros, Cupido y Julieta. También hablo de este nuestro país y de las tres primeras palabras de un poema de Miguel Ángel Asturias: “Dar es amar”. 

Dicen que el amor es cercanía llevada a sus máximas consecuencias. Es magia y pertenencia. Hechizo, mar y resignación. Es íntima proximidad: ¡es trabajo! Una dulce tiranía, una cruel condición de escalofrío y turbulencia. El amor también es un lugar común, una tierra compartida llamada país. (Nota: la Niña de Guatemala se murió de amor). 

Los románticos de todos los tiempos se han empeñado en ubicar a este insaciable sentimiento en un órgano llamado corazón. ¿Dónde queda el corazón de Guatemala? ¿Late? Alguien tristemente comentó que la sociedad guatemalteca se quedó sin amar, porque no da. Porque un país que no se conmueve; que no se indigna con el dolor colectivo; que no reacciona, es un país sin amor. Ignorar necesidades es reproducir discriminación.

Las palabras de Otto René Castillo, publicadas en la revista ‘Lanzas y Letras’, en septiembre de 1958, no envejecen. Su vigencia insiste:

“La historia de Guatemala es una historia donde alternan las tiranías más oscuras y más abyectas. Desde nuestra emancipación política de España apenas el aire guatemalteco, tenso de claridad y luz, ha conocido poquísimos regímenes que respondan a las necesidades populares”. 

“Y, en este clima tan propicio para la inmensa manifestación variable de la vida, pueden y deben darse la felicidad para todos, la dicha para todos, el pan para todos y la rosa para todos. Aquí en esta Guatemala amada debemos asesinar el hambre para siempre”. 

“Somos parte de Guatemala. Y, nuestro más inmediato deber, es luchar porque Guatemala sea una patria con voz propia y con aliento universal. Tenemos a Guatemala en nuestro corazón: es nuestra dulce tormenta”.

No en vano dicen que la sabiduría no está en la razón sino en el amor. (“Aquí tienes, las llaves de mi alma”). Ah, y es mentira que el amor sea ciego, es más, el que ama tiene ojos para ver lo que el indiferente no ve. Y sí, lo siento Guatemala, por hoy me quedo con las palabras de Jaime Sabines: “Me dueles. Mansamente, insoportablemente, me dueles”. 

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