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Opiniones de hoy

Pensar: el verdadero motor del cambio

opinion

La apertura y el diálogo son indispensables, pues no todo pensamiento constituye una verdad en sí misma.

Décadas atrás, Camus afirmaba con vehemencia que el hombre elige la historia no para subyugarla, sino para consentir ser su esclavo. Después de todo, parece no equivocarse. En América Latina tenemos una historia sumamente interesante, donde la tradición y el servilismo son parte de nuestra herencia.  Marcadas por un pasado colonial, las naciones más jóvenes, han buscado estabilidad usando modelos reciclados de democracias con tintes autoritarios. De este modo, Guatemala no ha sido la excepción. Por el contrario, es un vivo ejemplo de lo que una forma de gobierno patrimonial, donde el poder fluye directamente del líder, puede impactar en la propia gobernabilidad del país. 

Actualmente atravesamos una crisis de esta naturaleza. Vemos a los gobernantes alzarse con impresionantes discursos prometiendo orden y progreso, mientras bajo la mesa unos pocos discuten el futuro de todos. Simultáneamente, presenciamos movimientos de toda clase y naturaleza… desde actos violentos que acaban impunes, hasta manifestaciones pacíficas reprimidas duramente. Es entonces que resulta conveniente preguntarse: ¿Dónde está el problema? ¿Verdaderamente es el Gobierno un reflejo del pueblo que lo elige? 

Basta con detenernos a observar nuestro panorama con detenimiento: grupos heterogéneos integrados por personas con intereses comunes; masas sin noción clara de lo que defienden movilizándose al ritmo que les dicta un líder de carácter providencial; y otros pocos en medio del caos buscando una tercera vía factible. Al final del día, tenemos un montón de hombres aparentemente libres, pero políticamente dominados. 

Esta breve indagación contiene algo sustancial: el hecho de que, aún en medio de esta incertidumbre, es la minoría la que está dispuesta a tomarse un momento para pensar, discutir y proponer. Una vez más, esta actividad parece reservada para algunos pocos cuando no lo es ni debería serlo. Hannah Arendt, filósofa de origen judío y valiente defensora de la libertad intelectual, fue duramente juzgada cuando dijo que el mayor mal no era el que cometía una persona “mala”, sino el que comete aquella que se rehúsa a pensar.  

Aceptar tal aseveración implica que también somos capaces de cometer actos tan terribles como los que hoy provocan nuestra inconformidad. Es necesario aceptar que no se trata de buenos y malos, sino de los que piensan por sí mismos y los que solo obedecen la norma de su grupo de pertenencia. La apertura y el diálogo son indispensables, pues no todo pensamiento constituye una verdad en sí misma. Solo al atrevernos a pensar rompemos ciclos y nos libramos de la necesidad de refugiarnos eternamente en el mito. Somos seres capaces de construir realidades, es momento de reconocernos como tal y aceptar la responsabilidad que conlleva nuestra libertad. 

 

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