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Opiniones de hoy

Liberar la vacuna o morir

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La meta es salvarnos, no morir por igual.

A un año de la pesadilla del COVID-19 ya existe vacuna, hay variedad de opciones en el mundo, unas mejores que otras pero todas combaten el terror de la desconfianza hacia los otros en la calle, en el mercado, en los autobuses, en la vida diaria, y son la llave mágica para que regrese la normalidad al país. Pero la miopía de los burócratas del mundo subordinado olvidan el objetivo último de detener el contagio en la comunidad, y con su afán idealista de ir en orden quieren asegurar la igualdad en la muerte, porque en la vida no hay manera.   

A Guatemala llegó ya un lote de vacunas, que debieron colocarse en un dos por tres, pero como van por orden nunca llegará a la masa el beneficio y primero se arruinarán. Una filita estrecha no vaciará los hospitales porque el virus continúa libre, con médicos protegidos atendiendo cada día a más enfermos. Hay que ser prácticos y trabajar 24 horas, porque se podría estar vacunando de madrugada, sin descanso.

Debemos de actuar rápido para apurar el retorno a la confianza, facilitar el servicio a quienes contagian a otros, en los mercados, restaurantes, meseros, comercio, supermercados, mientras se ayuda a los más vulnerables en un ambiente menos expuesto.   Hay que llegar a la gente en la vía pública.   

En Guatemala no se puede salir adelante con el bajo nivel de la educación pública, por eso el sistema se las ingenió para educarnos en lo privado dado que el Gobierno no puede hacerlo. Sería injusto obligar la ignorancia. Así ocurre con la educación, y también con la salud, porque con la pandemia la meta es salvarnos todos, no morir por igual.    

Es correcto proteger primero a la primera línea, pero por qué impedir que se protejan los demás. La meta no es salvar a los más vulnerables mientras se mueren los fuertes, sino fulminar el contagio, y si el sistema privado pudiera vacunar, seguramente se beneficiaría a la comunidad de inmediato. En Guatemala todo es sálvese quien pueda, y no habrá solución con el apretacanuto actual de la vacuna. Así sucedió con el hisopado al inicio de la pandemia, porque siendo exclusivo del aparato público fue lento, duraba días o semanas para tener resultados, y para entonces la gente ya estaba conectada a un respirador.  Se liberó, empezó caro y pronto se democratizó, y hoy hay servicio gratuito y pagado, para todos los gustos o posibilidades.

Si el mundo quiere detener la pandemia y recuperar la economía, hay que liberar las restricciones, y en Guatemala más que en ninguna otra parte, porque el sistema público aquí no se volverá eficiente de un día para el otro, no nos engañemos, la realidad se impone, o se libera la vacuna o la mortandad nos continuará mordiendo semana a semana.

 

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