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Opiniones de hoy

La migración regular, locomotora del desarrollo

opinion

Beneficios compartidos con EE. UU.

La regularización de 11 millones de migrantes que se ha propuesto el presidente Joe Biden, puede ser el inicio de otro abordaje de la política migratoria, concebida como locomotora de una política de desarrollo para los países del norte de Centroamérica. Y de beneficios compartidos con Estados Unidos. 

La premisa es regularizar y ordenar los flujos migratorios. Esto es un paso más allá de lo que el presidente Biden propone, y que tendría derrame de sostenibilidad para el desarrollo y la seguridad transfronteriza.

El propio Biden ha asegurado que su enfoque es ir a la raíz de las migraciones irregulares. Ir a la raíz significa reformar el sistema económico que precariza el empleo en nuestros países, y liberar el Estado que ha sido capturado por las redes ilícitas (y lícitas) económicas y políticas, a fin de brindar oportunidades a la mayoría de la población. Es una tarea irrenunciable, y para nada excluyente de la regularización migratoria. Ambas estrategias despertarían sinergias.

Regularizar 11 millones de migrantes y mantener el patrón restrictivo de movilidad transfronteriza actual no resuelve el problema de raíz, pues durante la próxima década se acumulará otra presa mucho más significativa de migrantes irregulares, injustamente despojados de su condición ciudadana. Ciertamente, mantiene abierta la ventana para ampliar utilidades privadas en Estados Unidos, pero a costa de erosionar la seguridad y las bases del desarrollo compartido.

Las redes que en Centroamérica han capturado el sistema económico y político controlan prácticamente todos los candados, y seguirán expulsando población. La economía se estancará por la incertidumbre de las reglas del juego; la mala reputación internacional atraerá mayor capital canalla, y la criminalidad seguirá actuando a sus anchas, mientras la vulnerabilidad climática incrementará la pérdida de vidas y recursos, los desplazamientos forzosos y la pobreza. El horizonte seguirá cerrado.

Regularizar, ordenar y hacer seguros los flujos migratorios rompe el 

círculo vicioso. El nuevo sistema podría funcionar así: durante seis meses o más unos 150 mil trabajadores de varias ramas de la actividad económica, provenientes de diversas regiones del país, migran con visa temporal, envían remesas y retornan a sus hogares con ahorros. Los trabajadores, por especialidad -agrícola y construcción, sobre todo- se van rotando y esperan su turno de acuerdo a un calendario preestablecido.

Así, los migrantes se convierten en agentes de transformación económica, social y política en sus territorios. En una década podríamos tener frutos. Otras elites, diversas social, étnica y territorialmente, comprometidas con la democracia representativa y participativa, el respeto a la Ley y defensores del mercado sin privilegios, estarían en condiciones de contribuir a edificar una nación próspera, incluyente, estable y abierta.

 

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