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Opiniones de hoy

¿Cómo quieren que estemos, si no como estamos?

opinion

Somos la consecuencia de lo que se ha sembrado en este país.

Somos la consecuencia de la pobreza, la miseria, la ignorancia y la desigualdad. Vemos y recibimos las consecuencias de la arquitectura de un país donde grupos que concentran poder decidieron que esta nación no debía ser tal, sino una gran hacienda. Finca en donde explotar, extraer, arrebatar y sacarle hasta el último hálito de vida a un territorio exuberantemente bello y abundante, sin clemencia o rencor, fue el mandato original. Su origen fue enriquecer a la corona, que luego se convirtió en la casa patronal o el palacio nacional, donde se toman decisiones como amos y señores de la finca que se es. 

¿Qué vemos hoy? Montañas arrasadas por carreteras donde circulan camiones cargados de caña y palma. Fincas que aún hoy se benefician de políticas mercantilistas. Fincas que desvían ríos, que contaminan el aire, que agotan la tierra y que capturan la ambición de poder de algunos hombres que, en el ‘penthouse’ del edificio fundado en privilegios de género, de clase y de raza, con saco y corbata ordenan mientras el Presidente de turno agacha la cabeza y dice amén.

Ríos contaminados por bolsitas y botellas de plástico que son el resabio de una dieta que mantiene a niños, mujeres y hombres malnutridos, porque es más barato almorzar una bolsa de frituras bien chapinas y una botellita de gaseosa, que un vaso de leche y una manzana. 

Tazas de café producido con sistemas precarios y bajo una matriz productiva con resabios coloniales, donde quien deja su vida cortando el fruto del cafeto no sale de la pobreza por los salarios que no alcanzan ni para los insumos más básicos de sobrevivencia. Café que un ejecutivo de la Bolsa de Valores en Nueva York, un ama de casa en Seattle y un milenial en Florida bebe sin percatarse que el sudor y el sufrimiento de quienes contribuyeron a su cosecha agregan ese sabor amargo, tan peculiar.

Vemos un ecosistema que agoniza. Selvas, bosques y biodiversidad que desaparecen cada minuto, para darle paso a centros urbanos desordenados, casas de block y lámina y edificios de cemento producidos por ese gran animal que, a diario, orina polución y exhala humo, CO2 y partículas de feldespato denigrando la calidad de vida de una región que paradójicamente se llama “PROGRESO”. Vemos familias separadas por huir de la pesadilla para enviar dinero y seguir reproduciendo ese insostenible ciclo de consumo basado en la depredación, miseria, ignorancia y extracción. 

Vemos islas de lujo rodeadas de paredes con challes y fundadas por el miedo. Y vemos guetos de precariedad e infancias perdidas, donde el origen del miedo se nutre con pólvora, balas, sangre, desesperanza, basura y violencia.

Vemos una sociedad distraída, presidentes atados de manos, ministros/as ineptos cuyo objetivo es llegar a salir de la condición mediocre que este país les ofrece como alternativa. Puestos que debieran ser respetados, con acceso a recursos sagrados, de los cuales ninguna mano sucia, ni mente enferma de poder y ambición personal debieran tocar, pero que hoy se tocan y se abusan.

Y vemos un pequeño grupo, entretenido en banalidades, en su afán de querer escapar de esa realidad urbana asfixiante, que enferma y ahoga. Que expulsa la humanidad y da paso a la frivolidad. Jóvenes que no saben a dónde dirigir su brújula, porque la diversidad de referentes fue aniquilada y, aunque sedientos/as de saber, solo se quedaron con lo que el fanatismo en la iglesia, el centro comercial, o la farándula del Norte les brindan.

Hemos sembrado desigualdades, pobreza, exclusión, violencia, racismo, apatía, arrogancia, egoísmo e irrespeto. Con esa receta, ¿cómo quieren que estemos, si no como estamos?

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