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Opiniones de hoy

De peltre y tiempos no tan remotos

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Sobremesa

Antes que el plástico invadiera el mundo doméstico, el barro, la madera, la piedra, el cobre, el hierro y el peltre eran los principales protagonistas de las cocinas de nuestros antepasados,  en tiempos no tan lejanos, cuando las enormes hojas verdes servían de envoltura agregándoles su sabor a los alimentos; la tusa era la gran aliada para los tamalitos del diario y el papel café se doblaba y luego pegaba con engrudo para crear infinidad de bolsas y bolsitas.  

En esta época austera, en que no había cabida para el despilfarro, la cocina era el motor y corazón del hogar. En la última estancia de la casa, sin ventilación directa y con poyo de leña como estufa, se encontraba la cocina, de donde salía no solo la comidita del diario, sino los tamales de los días festivos, el agua caliente para el biberón del bebé y las agüitas, tés y tisanas para calmar los dolores y malestares que agobiaban de mes en mes a los habitantes de la casa.

En la cocina, cada guiso tenía su olla o su sartén. Cada agua o frijol su propio recipiente en forma y material: las jaleas se cocinaban en cobre, los frijoles en barro o en peltre y el agua de canela en la olla grande de peltre azul con fondo blanco, y cuidadito porque no debe estar golpeada, repetía, Tona, la estrella de las cocineras del Callejón Normal

Había toda una serie de utensilios fabricados de peltre, importantísimos para el buen vivir de otras épocas, material muy apreciado y visto entonces por las amas de casa  por su fácil manejo y limpieza, ya que se podía flamear e inclusive utilizarse en eventos quirúrgicos: guacales, platos, jarillas, cafeteras, cubiertos, portaviandas con y sin fueguito, bandejas, cucharones,  cucharas, ollas y sartenes con y sin tapaderas; apastes y cajas. Además de escupideras, los llamados riñones utilizados para que los enfermos encamados escupieran, jarrones para lavados de estómago, sin olvidarnos de las famosas bacinicas, utilísimas en tiempos en que las casas solo contaban con un solo baño –si es que eran acomodadas y de gran tralalá–, baño que quedaba generalmente en la parte más lejana de la casa, cerca del sitio, pues se había construido a posteriori. En aquellos días de casas grandes y con un baño único al final del corredor, era práctico y conveniente el uso de la bacinica, la cual se personalizaba con el color o el tamaño.  Las bacinicas se colocaban dentro de la mesita de noche o debajo de la cama para evitar dar un mal paso en las oscuridades de la noche. Las bacinicas de peltre representaron en un tiempo la modernidad, pues reemplazaron las de china y porcelana, las que muchas veces se quebraban durante el uso, pinchando sin clemencia las confiadas asentaderas.  

 

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