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Opiniones de hoy

Dos siglos de Estado excluyente

opinion

Lo ancho pa´ellos…

Con gris y burocrática algarabía, pesimismo político, rechazo generalizado al poder político, exhaustos de una élite económica voraz y agobiados por una pandemia “venida de la China”, nos aprestamos a celebrar, nuestros “primeros” doscientos añitos. En realidad, una mutación en la patria del criollo.  La dirección de las festividades corresponde a una burocracia, que entiende por celebración: saludo militar, cañonazos e inclinación de la cerviz, además -claro está- de “chupacoas” en palacio y embajadas.  Al margen de las oficiosas celebraciones y algún ridículo brindis en casa de los Irigoyen, no habrá más.  La alegría popular no tiene motivos. A quien en sano juicio se le ocurriría celebrar: recurrentes dictaduras, expolio de pueblos indígenas, miseria y pobreza de los hijos del pueblo. Un recuento de adversidades y andrajosa democracia.

La clave está, en que, como todo instante cronológico, es este, un buen momento para reflexionar y actuar: este no es un Estado que pueblo alguno quisiera para sí. Enclenque e injusto. Nunca se ha preocupado por legitimarse ante su población. Al contrario. Optó por reducirla, secuestrarle derechos, someterla. Usurparle riquezas y en el hoy y décadas recientes: adueñarse de los fondos comunes. Pervertir las instituciones. En síntesis, perfeccionar la mascarada democrática. A tal punto llega la ignominia, que intencionalmente se provoca la desnutrición de la niñez y se expulsa a la juventud; animándole a enviar remesas dinerarias. Para apropiárselas. Ese Estado patético, es el que debemos enjuiciar en el Bicentenario. Aunar fuerzas y transformarlo. Sin haberlo pedido, nos tocó generacionalmente. Estamos aquí y ahora, así que, con las mangas arremangadas, nos corresponde, sanear y democratizar este Estado mal formado, de manera tal que la ciudadanía del dos mil cincuenta encuentre una estructura político-institucional: democrática, justa y solidaria. Para que aquello suceda, no se trata de heroicidades, no, son acciones sencillas, consecuentes y contundentes: pelear por cortes de Justicia probas, Ley Electoral decente y democrática, campesinos sujetos del desarrollo rural, empleo decente. Aquello requiere condiciones básicas: agenda unívoca, organización, fuerza social y política. Un frente amplio por la democracia. Ese será nuestro legado. 

Iniciar el bicentenario de la transformación: fin de gobiernos corruptos y excluyentes, no más élites privilegiadas, atávicas y con derecho de veto. Ciudadanía plurinacional y directiva, capaz de erradicar servidumbre y racismo. Con pueblos que posean tierra para el alimento, bosques, agua limpia, educación y salud. Con propio idioma y cosmovisión. Rehacernos desde la inclusión, justicia y democracia. No es quimera. Fin de doscientos años de fracaso: siete millones de pobres. Empieza el bicentenario de los pueblos.  

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