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Opiniones de hoy

La Defensa de lo indefendible

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¡Al carajo, sí señor! con los defensores de lo indefendible…

“En cien horas, horas de ansiedad continua y de éxtasis, el viejo régimen, que había estado destruyendo a Rusia, fue borrado de la faz de la tierra.  Al mismo tiempo, sin embargo, las fuerzas que habían luchado juntas contra el enemigo común… empezaron a dividirse…” -Alejandro F. Kerensy, ministro- presidente del Gobierno Provisional de Rusia, en “La Catástrofe”, 1927 (Cap.1: ‘Los cuatro días que acabaron con la Monarquía Rusa’). El gobierno moderado que encabezó Kerensky en Julio de 1917, fue derrocado en octubre del mismo año por los bolcheviques y esa experiencia ha sido citada para justificar el temor de los conservadores a apoyar movimientos reformistas que destruyen el orden establecido, sin por ello satisfacer a los radicales. Otros historiadores señalan, muy al contrario, que la catástrofe a la que aludía Kerensky, fue realmente provocada por la negativa del zar y sus ultraconservadores a reconocerle relevancia real a la primera Duma (parlamento) liberal, tras la Revolución de 1905; a la que disolvió, como lo hizo con sus sucesoras, recurrentemente, en busca de otras Dumas cada vez más sumisas.  Eso fue lo que realmente les dio legitimidad y bandera, en la siguiente década, a los socialistas radicales que terminaron adueñándose de la Revolución…

La semana pasada circuló en redes un “comunicado” de la Liga Pro-Patria, en el que se hace una alambicada defensa del juez Mynor Moto Morataya.  Simultáneamente, también llegó a mi celular, copia de una grabación en la que Cienpalabrasporminuto confiesa querer “agarrar a cachetadas” a Dionisio Gutiérrez y le increpa a sus seguidores que “por huevones” no han salido a manifestar para protestar (en sus cien carros con vidrios polarizados), quizá, “por el atropello” cometido “contra el Estado de derecho”, al no habérsele permitido a Moto que asumiera como magistrado de la CC, violando su sacrosanto “derecho de antejuicio”.  La defensa que hacen los “ligados” y “el bloguero” de Moto se fundamenta en supuestas violaciones a “las formas” de la controversia, eludiendo el fondo del asunto.  Aducen que hay “una politización” de la Justicia, rasgándose las vestiduras por un asunto que es consustancial a la misma (la justicia está politizada desde que los reyes nombraban a los jueces y continúa ahora en las repúblicas modernas, en la que los magistrados son nombrados por quienes en virtud de la voluntad del electorado, tienen la facultad de hacerlo; como quedó recientemente ilustrado con la nominación por Mr. Trump de tres juristas conservadores a la CSJ de los EE. UU.).  El fondo que eluden los ultraconservadores,  en su hipócrita cruzada por impedir que “los chairos” tengan presencia alguna (ya no digamos algún valor de contrapeso) en el OJ, es que el pueblo de Guatemala -en este sistema falsamente democrático- está harto de estar gobernado por representantes que no nos representan, quienes  nos imponen una “Justicia” a manos de jueces incapaces y venales que con harta frecuencia se venden al mejor postor y en general, que nos obligan a sufrir las consecuencias de vivir en un sistema de “liderazgos de alquiler”…

Pero ese sistema que, por diseño, está plagado de trampas para que la auténtica discusión política sea acallada y por el que un 15 por ciento de ultraconservadores se impone “electoralmente” al otro 15 por ciento de neomarxistas, pero también, al 70 por ciento de la ciudadanía moderada, que solo quiere trabajo, verdadero Estado de derecho y paz, se derrumba.  Esa es la angustia existencial de los ultraconservadores y su alianza; sí, alianza con eso que el pueblo llama “el Pacto de Corruptos”; pacto que no es un “invento de la izquierda”, sino la triste realidad de que los conservadores consienten un gobierno infiltrado por las mafias, para supuestamente “salvarnos del comunismo”, pero, en realidad, para que nada cambie.  Después de 200 años de “independencia”, el sistema que nuestros conservadores quieren conservar, es uno sin propuestas, con uno de los peores índices del mundo en desnutrición infantil,  en contaminación ambiental, en inseguridad y en pobreza generalizada, que ha venido expulsando a uno de cada seis guatemaltecos que se ven impelidos a salir de su tierra a buscar nuevos horizontes. Añadiendo el insulto a la herida, estos conservadores recalcitrantes invocan una supuesta “defensa de nuestra soberanía”. Que estas rémoras que históricamente han impedido el progreso nos vengan a hablar de “soberanía” cuando no se pronunciaron en relación al “referendo” sobre Belice (que violó el espíritu y la letra muerta de al menos dos artículos constitucionales e ignoró los legítimos intereses de Guatemala) o sobre el “tercer país seguro” (hoy derrotado por el sentido común) es un insulto a la inteligencia y es el inútil lamento de una minoría hipócrita que se ha acostumbrado, por años, a imponer su minoritario criterio a todos los demás. Y digo “inútil lamento” porque ya empieza a observarse que el CACIF, las Cámaras y cada vez mayor número de los anteriores bastiones del sentimiento “anti-CICIG” con los que han contado, se dan cuenta de los vientos que soplan del Norte y de “los grafitis en la pared” y poco a poco, aunque a regañadientes, se aprestan a aceptar lo inevitable…

Tenemos un Presidente que sacó “en primera vuelta” solo 600 y pico mil votos, menos del 7 por ciento de todos los ciudadanos que según el Renap, tienen DPI.  La elección de alcaldes y diputados se consumó entre irregularidades nunca aclaradas por el TSE más cuestionado -y aún impune- de nuestra historia y tenemos una CSJ, nominada “en un cuarto de hotel”, excedida en su mandato por más de año y medio.  Es absurdo que un régimen de tan tenue legitimidad aún “se ponga los moños” cuando la ciudadanía, con el evidente apoyo diplomático de los países capitalistas más desarrollados del mundo, expresa su desagrado por sus continuas maniobras para seguir esquilmando al erario nacional y negarnos la esperanza de un futuro mejor.  Así que desengáñese, ciudadano: esto no se va a componer de veras hasta que logremos: (i) reformar las reglas de juego para elegir a nuestros representantes, es decir reformas de fondo a la Ley Electoral y de Partidos Políticos;  (ii) reformar las reglas de juego para integrar a nuestras más altas cortes y tribunales;  y (iii) reformar las reglas de juego con las que el Estado contrata personal y/o servicios. Y ese es el pleito que se anticipa, lo que implica modificaciones a la Constitución. Pero no se desespere, ciudadano. Las viejas maquinarias electorales se derrumban. Vienen tiempos mejores, la marea está cambiando:  la vieja política ya no tiene control de la opinión pública,  el mundo nos observa y la ciudadanía está despertando…  

Cuando los corifeos de la narco-cleptocracia le lleguen con el cuento “del peligro rojo, del foro de São Paulo, de Soros y de los siniestros planes de la ONU” o de “la soberanía”, no se deje babosear.  El Estado de Derecho no se pone en peligro cuando se evita que jueces como Mynor Moto se instalen en nuestra más alta Corte. Semejante aseveración es pretender “tapar el sol con un dedo” (aunque no de extrañar en quienes aún insisten en que “Trump ganó… pero le comieron el mandado”). El verdadero peligro es que la obcecación de los ultraconservadores por impedir la reforma de nuestro sistema, termine dándole legitimidad y bandera a gente como la de Codeca u otros trasnochados que quisieran llevarnos a una versión chapina de Venezuela, en medio de este caos nacional.  Inexorablemente, con la paulatina extinción de los actuales “vehículos electorales” (que no auténticos partidos), se avecina una recomposición del sistema político y los ciudadanos conscientes debemos responderle a la patria en su momento de necesidad. Nuestro desastre nacional ni fue inevitable ni es incorregible.  Para que comparta mi esperanza, lo exhorto a analizar la “plataforma ideológica” que presento en www.ciudadanotoriello.comHay caminos para que salgamos de esta postración colectiva y le demos esperanza a la sociedad.  Un capitalismo democrático, moderno e incluyente es posible en Guatemala. Lea, investigue, compare. Que no lo sorprenda la siguiente cita a las urnas sin saber qué opciones apoyar.  Mientras tanto, diga “¡al carajo!” con los jueces venales, con los “líderes mudos” que nunca se pronuncian pero que después quieren su voto, con los diputados “de lista”, oportunistas anónimos que con las actuales reglas de juego, se nos “cuelan”…  ¡Al carajo, sí señor! con los defensores de lo indefendible…

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