[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Opiniones de hoy

La huella del desquicio

opinion

Mi mamá decía que eran prostitutas, pero que eran nuestras vecinas y de quienes debía tener cuidado era de los hombres que llegaban a la cantina. A mí me parecían muy guapas, guapas como las actrices mexicanas de las telenovelas que mirábamos con mi abuela cuando limpiábamos el frijol; me gustaba escuchar el ruido de la televisión, porque así se disfrazaba con el sonido que hacían los árboles y el viento, que era muy fuerte. Yo solo tenía permitido ir a la tienda durante las mañanas, a la hora en que no llegaba nadie a tomar.  La avenida de mi casa conectaba a la carretera y a la vuelta quedaba una pileta comunal. Un par de metros adelante, del otro lado de la calle, estaba la tienda Verónica. 

Era un lugar un poco solitario y casi solo vivía gente vieja. O muy viejos o que recién empezaban a formar familia, como mis papás. A mí no me gustaba tanto como donde vivíamos antes, donde todo me quedaba más cerca y conocía a mis vecinos. Cualquier cosa, siempre tenía a quién acudir. Pero bueno, poco a poco empezaba a aprenderme los nombres de algunos vecinos que salían a platicar por las tardes. La carretera estaba asfaltada, pero la banqueta no y eso hacía que siempre se levantara mucho polvo. A mi mamá tampoco le gustaba eso. 

—Sí, ya sabía que aquí estabas. Tantas veces que te he perdonado, pero hoy se acabó, Jairo, se acabó —interrumpió Marta, con una voz chillona. —Mira Jairo, mejor ándate. Platicamos otro día, no vaya a ser venga la policía y nosotras no estamos para tener problemas —dijo Verónica.     —Bueno Marta, ya estuvo. Vámonos. 

Jairo estaba desde el medio día en la tienda Verónica. Tenía un tráiler con el que transportaba carros chocados desde Estados Unidos, los llevaba a su taller y los restauraba. El chófer del tráiler llevaba una semana sin dar señales de vida. Decidió comprar carnitas y tortillas y llegar a pasar el rato con Julia y Verónica. Llevaba años en un vaivén emocional. Todos los días, pasaba las horas en el taller, donde tenía buenos empleados, pero la competencia seguía creciendo, ofreciendo precios más baratos, y ahora esto. Ya ni siquiera sabía cómo iban los niños en el colegio. Además, cuando estaba en casa, él notaba cómo las cosas cambiaban, cómo todo era tan fingido. Las risas eran cosa del pasado. Todas las paredes de su casa tenían la pintura fisurada, todas tenían marca de su furia. Es que no sabía cómo decir las cosas, solo sabía gritar y golpear. —Golpeo las paredes para no verguiar a la Marta— pensaba Jairo al ver las fisuras.

Jairo salió de la tienda y agarró camino para el picop, lo había dejado estacionado a la par de la pileta. —¡Vení para acá, pedazo de mierda! Llevas toda la vida ignorándome, no me vas a dejar aquí parada—continuaba Marta, mientras lo empujaba. —Mira Marta, nos dejamos, ¿te parece? Vos no me querés ni yo te qui… — Jairo estaba por terminar de decir algo, cuando de repente sintió un sablazo en el cuello. Esas uñas acrílicas tenían más filo de lo que aparentaban. 

—¿Qué putas, Marta?— gritó Jairo, casi transfigurado. Todos los vecinos se habían entrado a sus casas, pero se podían sentir sus miradas desde las ventanas. Poco a poco, Jairo empezó a dejar de escuchar las cosas con claridad; cómo cuando se caía borracho y la sangre le zumbaba la cabeza, así sentía. Empezó a percibir cada una de las pequeñas válvulas que le recorrían el cuerpo, desde sus dedos hasta el cuello. La sangre latía y latía fuerte. Se subió al picop y Marta le escupió las ventanas. Jairo la ignoró. De repente, Marta se paró frente al picop.  

Jairo aceleró y Marta no se movió. Y aceleró de nuevo, retrocedió y avanzó en primera, una y otra vez. El picop conducido por Jairo empezó a bailar con el polvo que se levantaba. Era un torbellino del desquicio que duró lo que duran tres canciones. En la calle principal quedó la marca de Marta. Los bomberos llegaron y no sabían qué hacer; no había cuerpo qué recoger. La huella del desquició no se quitaba con nada, las vecinas se turnaban para limpiar y no había manera. Pasaban los tráilers, los picops, otros carros, caía más polvo y llovía, pero la marca seguía ahí. Pasaba caminando y podía escuchar los gritos de Marta, sentir el odio de Jairo. A todos los bebés de la vecindad les dio ojo. Había mucha rabia ahí. Los vecinos se encerraron y eran muy pocas las personas que caminaban por esa avenida. Preferíamos dar una gran vuelta, antes que pasar por la pila comunal. Fueron tres meses así. Tienda Verónica guardó luto religiosamente. 

Mi mamá tenía razón, había que tener cuidado con los hombres que llegaban a la cantina.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Lucero Sapalú/ elPeriódico
Ministerio de Educación crea programa “Acompañame a crecer”

El programa contempla priorizar el desarrollo integral de los niños desde su concepción hasta los cuatro años, según cita el acuerdo.

noticia AFP
Sevilla sigue en ascenso

El Sevilla (4º) se llevó los tres puntos en su visita al Celta tras derrotar 4-3 al equipo gallego y no renuncia a pelear por el título de LaLiga en las ocho jornadas que restan para el final del campeonato.

 

noticia Redaccion/elPeriódico
Vehículo sin placas interviene en la detención del exjefe de la SAT

Usuarios en redes sociales manifestaron que un automotor similar también fue visto cerca de la Torre de Tribunales.


De último momento

MP presenta solicitud de antejuicio contra Jimmy Morales

La Fiscalía contra la Corrupción tiene una investigación abierta que involucra a Morales. El expediente está relacionado a la expulsión del comisionado de la CICIG, Iván Velásquez.

noticia Luisa Paredes /elPeriódico

Más en esta sección

Hungría sorprende a Francia

otras-noticias

EE.UU. conmemora con marchas y música el fin de la esclavitud

otras-noticias

El rigorista Raisí logra un abrumador triunfo en las presidenciales de Irán

otras-noticias

Publicidad