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Opiniones de hoy

Sin proyecto de país

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La democracia bajo siete candados

En 2021, año del bicentenario, ¿qué proyecto de país tenemos? En 1986 nos ilusionaba la idea de construir por fin la democracia. En 1996 nos alivió sacudirnos décadas de enfrentamiento armado que hizo de Guatemala un enorme cementerio donde “enmudecieron las conciencias”, diría Guzmán-Böckler. En 2016 creímos que estaba al alcance edificar el Estado de Derecho.

Cada uno de esos proyectos está truncado, aunque no necesariamente enterrado. Son árboles de pocos frutos, que crecieron muy modestamente y, al menos los dos primeros, sufren una fase avanzada de pudrición de sus raíces.

Solo tengo una respuesta a la pregunta, ¿qué ocurrió? Depositamos demasiada confianza -más de la que aconsejaría la prudencia ante la novedad- en las fuerzas liberadoras de la globalización, como si de manera espontánea estas corregirían los déficits de desarrollo acumulados durante más de 200 años. Fue al revés, la brecha continuó ampliándose y a mayor velocidad.

La democracia se redujo a un rito, pues el Soberano (así identifica la Constitución al pueblo) tiene hambre, y la escuela y la salud están a trasmano, mientras el empleo decente escasea y las fuentes de producción son volátiles. Los líderes de “sabiduría práctica y virtudes cívicas” -que reclama Sandel en su más reciente obra, La tiranía del mérito- fueron desterrados desde los primeros años de la democracia y su lugar usurparon quienes hacen de las instituciones públicas un lugar exclusivamente de negocios, ilícitos o semilícitos.

La ausencia de enfrentamiento armado de naturaleza política tampoco mitigó la descomposición de la democracia. Aquella violencia sistemática que se organizaba para defender o cambiar el sistema, fue reemplazada por una violencia criminal irrefrenable que se organiza para medrar de las debilidades del sistema: la disfuncionalidad política e institucional, y la brutal desigualdad social y pobreza, con un valor agregado relevante en las dos últimas décadas: estar en la ruta del mayor mercado de consumo de drogas ilícitas y de las principales zonas de producción y procesamiento. La tormenta perfecta.

Así, cuando nos hemos dado cuenta de que la Ley y las instituciones de justicia importan para recuperar las reglas del juego y hacer control de daños, seguimos huérfanos de líderes de sabiduría práctica y virtudes cívicas. La democracia está secuestrada con seis candados (Ejecutivo, Legislativo, Judicial, MP, Contraloría y TSE) y las reformas no se pueden emprender desde fuera del sistema.

Ahora nos enfrascamos en la lid por impedir el séptimo y definitivo candado, la CC. Al final del día lo más probable es que el candado resulte dúctil -y quizá también los restantes, de manera progresiva-, a fuerza de presión. Pero, después ¿qué? ¿Cuánto tiempo más seguiremos en calidad de zombis? ¿Cuándo la sabiduría práctica y la virtud cívica permitirán asomarnos a un horizonte para salir a caminar?

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