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Opiniones de hoy

¿Indignado por los femicidios? Cambie la música que escucha

opinion

El odio que existe en este país contra las mujeres es real y los datos no mienten. En Guatemala, el sistema de justicia recibe 152 denuncias diarias. Siete de cada diez mujeres víctimas son adultas y una de cada diez es niña. Apenas el 38% de los agresores en casos de femicidio son identificados. Cuatro mujeres desaparecen cada día. Solo en enero se hicieron 2,648 denuncias por violencia contra la mujer…y a esto hemos de sumarle que la mayoría de víctimas no denuncian. Si a usted no le asustan estos datos, pare de leer y deje de leerme para siempre, por favor.

El resto, vamos a ello.

De la violencia machista, auge de femicidios, precarias condiciones del sistema de justicia y círculos viciosos que mantienen a las mujeres en infiernos permanentes, se ha hablado mucho — y debe seguirse hablando de ello hasta que logremos los cambios. Pero hay un tema que ha quedado relegado y que quizás, de primeras, resulte nada vinculante pero sí que lo es: la música y su influencia en la violencia contra la mujer (en cualquiera de sus formas).

¿Qué tiene que ver la música que escuchamos con estos crímenes atroces? Muchísimo. Es más, hay ciertas canciones, artistas y géneros que actualmente triunfan potenciando este tipo de violencia pues de manera nada sutil —pero endulzada con un ritmo pegadizo, poco creativo y mediocre— crean las bases para que las juventudes adopten ideas machistas, violentas, hipersexualizadas y vulgares. Basta con un vistazo rápido a los listados de música más escuchada en este país en las plataformas de streaming, como Deezer, Spotify o Apple y YouTube Music. Hágase un autoexamen y revise sus listas de reproducción. No hay que ser muy inteligente para identificar cuáles son esas canciones con un contenido que perjudica la lucha por el bienestar de la sociedad, por las mujeres, por la paz. Escuche bien.

En todas las canciones hay mensajes. Aprendí mucho sobre esto cuando cursé una un diplomado en periodismo musical y nos enseñaron a aprender a escuchar. La letra y la música se interpretan por separado, luego en conjunto y más adelante por separado también. Y cada vez hay más canciones con mensajes en contra de la mujer. Estos mensajes imperan en géneros como el reggaetón o el trap, aunque eso no significa que todo el reggaetón y el trap sea así, ni que no haya mensajes machistas en el rock, en el pop y en el punk. Este es un problema de la música en general y habría que ser muy ingenuos para no reconocer que, lastimosamente, mientras más sexualizada, vulgar, machista y simplona es una canción, mayor es su éxito y mayor el apremio social que se le da al artista. ¿Cómo es eso? ¿Cómo es posible que en 2021 los artistas más escuchados en las plataformas más populares de música en streaming sean aquellos que más insultan a las mujeres? ¿Cómo es esto posible cuando el mundo, supuestamente, ha emprendido una cruzada heroica en favor de los derechos de las mujeres, tan únicas, valiosas, talentosas y capaces como los hombres? ¿Cómo es posible que también sean las mujeres las que canten, popularicen y se presten a recibir el derroche de “piropos” que van acompañados de un par de acordes?

Lo que sucede es que no hemos aprendido a escuchar. ¿Quiere hacer algo para prevenir futuras muertes y abusos y erradicar el machismo sistemático y cultural que azota al país? Cambie la música que escucha. Claro, ahora me calificarán de extremo, de radical, de insensato. Pero no me parece lógico que la ofensa sea grave cuando el piropo vulgar se recibe en la calle y de un perfecto desconocido, pero que sea normal —y hasta ovacionado— cuando se recibe en una canción y de un artista que se hace millonario cada vez que te dice que tendrá sexo contigo, ya sea que tú quieras o no. ¿A alguien le resulta lógico? ¿O es que la lucha contra la erradicación del machismo y la famosa cantaleta es toda una hipocresía? Porque hipócritas son aquellos y aquellas que se indignan por los femicidios en este país mientras se llenan la cabeza de canciones que repiten, una y otra vez, todo aquello que han visto materializado en un crimen: sexo sin consentimiento, el cuerpo como objeto, la mujer como esclava, el alcohol y la presión como herramientas disuasivas y los amigos y amigas como cómplices. Hay canciones que no son nada más que el manual perfecto para la realización de un crimen. Y esas canciones son, hoy por hoy, las más escuchadas por la juventud.

¿Quién dice esto? No es un anciano. Ni una señora ultraconservadora. Lo decimos muchos jóvenes que hace poco también escuchamos, cantamos y bailamos este tipo de canciones. Que vanagloriamos —inconscientemente— el discurso machista endulzado con un par de acordes. Y que algunos además estamos involucrados en la industria musical del país y que hemos vivido en carne propia la tentación de hacer una canción que, con solo un par de frases machistas y sexuales, pueda darnos muchísimas más de reproducciones —y por ende, quetzales—, pero que hemos decidido no hacerlo. Cueste lo que cueste. Porque no es lo correcto. Porque está mal. Porque ni una reproducción a una canción de tres minutos vale más que la vida de una persona, de una mujer que ante una sociedad en donde el machismo, la hipersexualización y la carencia de valores y respetos humanos, son la nueva normalidad.

El cambio comienza desde los lugares, círculos y hábitos menos pensados. Contra los femicidios, cambiemos la música que escuchamos. Esa es música cobarde de artistas cobardes. Ahí comienza la revolución por el verdadero feminismo, ese que enpodera a la mujer, no aquel que la corrompe. Y ahí están, también, los verdaderos hombres.

@jdgodoyes 

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