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Opiniones de hoy

Holocausto se escribe con “H” mayúscula

opinion

Seis millones de judíos europeos asesinados fue el trágico resultado de esa maquinaria impecable e implacable de exterminio.

En las últimas semanas se conmemoró un aniversario más de la Shoá, a saber el intento del régimen nazi alemán de liquidar de la faz del planeta al pueblo judío lo que evidentemente no lo logró, aunque estuvo cerca de realizarlo.

Cuando comenzaron a aflorar las atrocidades cometidas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, numerosos estudiosos intentaron hallar las causas y orígenes del intenso antisemitismo que invadió a Europa entonces y explicar el hecho de porque el programa de la “Solución Final” propuesto por Hitler hubiera sido acogido sin mayor oposición por una nación ilustrada como es la alemana. En realidad el antisemitismo tiene orígenes muy antiguos. 

Germania se caracterizó durante siglos por la falta de unidad y de estabilidad en su forma de gobierno. Los Estados germánicos, cada cual por su lado, vivieron entonces en anarquía permanente en donde los judíos sufrieron expulsiones y matanzas ello desde el siglo XII situación que se prolongo con poco más o menos frecuencia, modo e intensidad hasta la derrota del Tercer Reich en 1945.

La serie de reveses militares sufridos a manos de Luis XIV y de Napoleón I, siglos XVIII y XIX, habían llevado al despertar del nacionalismo alemán y a su unificación en 1871, con una nueva concepción de nación germana purificada, donde no tendrían cabida en dicho ideal los judíos, aun siendo estos alemanes de varias generaciones atrás y fieles ciudadanos al Kaiser. 

Y fue así que al terminar la Primera Guerra Mundial en 1918, Alemania que vivía una situación de crisis surgida de su derrota militar ante los Aliados y que además se derrumbaba en el caos económico y la anarquía social, estaba lista en 1930 para apoyar la llegada de un Adolfo Hitler con un programa violentamente antisemita.

El nazismo antisemita es una consecuencia lógica de la judeofobia, prevaleciente durante siglos en Alemania y a lo largo y ancho de Europa. Sin embargo, los actos subsecuentes de barbarie, denominados Holocausto, no hubieran sido posibles sin la técnica y la cualidad organizadora germana, sumado ello a la colaboración de muchos gobiernos europeos y de miles de individuos de origen diverso que facilitaron la labor concebida por los nazis. Seis millones de judíos europeos asesinados fue el trágico resultado de esa maquinaria impecable e implacable de exterminio.

 “Nunca jamás” es ante el resurgir del antisemitismo actual, el clamor israelita al conmemorar año con año la tragedia del Holocausto. ¿Pero será dicho clamor suficiente para asegurarle al pueblo judío y al Estado de Israel en particular, un futuro de paz y tranquilidad tan ansiado, en un mundo complicado por la pandemia, violento, insatisfecho e impredecible?

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