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Opiniones de hoy

Focalizarse en lo esencial

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Estamos perdiendo nuestro país.

Cuando fui Presidente del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), hace más de 20 años, ya escuchaba las preocupaciones de organismos financieros multilaterales y países amigos, sobre el deterioro institucional en los países del llamado Triángulo Norte de Centroamérica.

En alguna ocasión escuché que Guatemala podría seguir los pasos de Somalia, en el Cuerno de África, en donde la comunidad internacional, liderada por la primera potencia mundial, intentó imponer por la fuerza la democracia, pero le costó la destrucción de un par de helicópteros de combate más la muerte de varios de sus soldados. La comunidad internacional virtualmente abandonó dicho país a su suerte, gobernada por los señores de la guerra y piratas que secuestran barcos mercantes que obligadamente deben surcar sus costas.

Algo similar lamentaba un connotado guatemalteco, que llegó a ser jefe de gabinete y encargado de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, de Naciones Unidas, quien dirigió las operaciones en Haití, al expresar su preocupación por la dirección que está derivándose el país.

Pero la ubicación geográfica e importancia estratégica de Guatemala, su riqueza natural, cultural y económica, así como por ser el puente obligado entre Norteamérica y el resto de las Américas, no permitía ni aconsejaba dejarnos a la deriva. Si bien es cierto que había concluído un enfrentamiento armado interno de 36 años, los acuerdos de paz suscritos que dibujaban un mejor futuro, no fueron aceptados por todas las partes.

Profundos problemas socioeconómicos y un constante debilitamiento del Estado para brindar bienes y servicios públicos suficientes y de calidad, además de la creciente cooptación de las instituciones gubernamentales, reflejan un preocupante maridaje entre la clase política e intereses económicos y del crimen organizado nacional y transfronterizo, representado por el tráfico y trasiego de drogas, de personas, armas, dinero, entre otros.

El deterioro ahora es evidente. Por eso es que deberemos focalizarnos en lo esencial, haciendo un esfuerzo para consolidar la paz, la tolerancia y convivencia respetuosa, dejando atrás la confrontación, la polarización y las posturas destructivas extremas. Si bien es cierto que, como en el enfrentamiento armado interno hubo graves daños, desolación y muerte, ahora también han habido severas consecuencias por arbitrariedades producto de la politización de la justicia y la judicialización de la política; no obstante, ya es tiempo de superar nuestras diferencias, de sentarnos a conversar y voltear la página, hacer un borrón y cuenta nueva, superando los resentimientos mutuos.

Habrá que separarse de los francotiradores solapados y aislar a los extremistas destructivos, que realmente no son muchos pero si influyentes, ruidosos y dañinos. La mayoría queremos desarrollo, justicia, unidad y paz. No podemos dejar que nuestro país quede en manos de los peores.

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